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ARTICULOS

PARTE II
I
Las nucleoeléctricas en la matriz energética de los proyectos IIRSA

Autor Javier Rodríguez Pardo

Chile no tiene energía nucleoeléctrica, tampoco la necesita.
 Como todas las naciones que han prescindido de desarrollarla, compró llave en mano reactores pequeños que le permitieron contar con radioisótopos para investigación, medicina e industria.

Los proyectos mineros en Chile (íbamos a decir chilenos) empujan hacia ese tipo de energía, como también debido al consumo exorbitante que significan las plantas de aluminio primario, algunas de las cuales planificaron instalarlas en el sur.
Motivado por los recortes de gas argentino,  la imposibilidad de acceder al gas boliviano (país que reclama territorio chileno para su salida al Pacífico) y agotados los recursos hidroeléctricos, la geopolítica de los trasandinos se orienta hacia  la energía nucleoeléctrica, con lemas macro-económicos  de diversidad e independencia energética, frente a un futuro de mayor consumo.

Al mismo tiempo la dependencia energética de sus vecinos trasandinos no es solución, el gas que le provee Argentina forma parte de un entramado sinuoso y complicado, que viaja previamente por el gasoducto boliviano-argentino. Estos vaivenes derivan en la estrategia energética de construir una planta nuclear de 600 megavatios que había sido considerada  por el gobierno dotando de mayores fondos y personal a la Comisión Chilena de Energía Nuclear y al Centro de Estudios Nucleares la Reina, al oriente de Santiago, en la Comuna de las Condes, donde funciona en la actualidad el reactor de investigación Rech-1. Debido a un acuerdo bilateral con España,  Chile opera otro reactor experimental, Rech-2, en el Centro de Estudios Nucleares Lo Aguirre. También recurrió al vecino país argentino y suscribió convenios, pero la mirada acerca del desarrollo   núcleo eléctrico chileno se halla sobre Francia y Estados Unidos hacia donde encaminó sus pasos el presidente Sebastián Piñera. Por lo pronto Chile decidió formar técnicos en la cuestión nuclear previendo un futuro a veinte años para poder operar de manera   independiente en esa materia, porque dentro de tres lustros ese país -dicen oficialmente- duplicará sus necesidades energéticas.
Un conglomerado de ejecutivos gobernantes viene sosteniendo que la energía nuclear es limpia. Así se expresan Barack Obama de Estados Unidos, Sebastián Piñera de Chile, Dilma Rousseff de Brasil y Cristina Fernández de Kirchner por citar algunos dirigentes de esta parte del mundo. “El tema de la energía para Chile es muy importante y en particular las energías limpias,” decía el gobierno chileno mientras esperaba concretar convenios con el presidente norteamericano que se expresaba de igual modo: “Para el año 2035 nuestra meta será un 80% de energías limpias” (La ignorancia supina de este gobernante le hizo difundir expresiones de las que hoy se arrepiente después del colapso japonés de Fukushima). ¿Es limpia acaso la nuclear? (Luego retornaremos sobre este interrogante).
Por ahora mencionemos cuales son las pretensiones energéticas de estos países y como se planificó el repunte nuclear en
la Iniciativa para la Infraestructura de la Integración  Regional Sudamericana (IIRSA) y señalar que el lobby industrial chileno pide a gritos la energía nuclear sobe todo  para aplicar en el norte, teniendo en cuenta  los altos volúmenes de energía que requieren las mineras. La poderosa Confederación de la Producción
y del Comercio (CCP), de Chile, pontifica  que “hoy tenemos la obligación estratégica de generar una política energética de largo plazo. Sin embargo, el debate sigue consumido por la coyuntura. El gobierno debería jugar un rol más activo en asegurar una matriz energética diversificada, que funcione sin subsidios y pensada para una economía de mercado. Los proyectos hidroeléctricos del sur de Chile deberían entrar en funcionamiento pronto, y ya que la energía eléctrica es la más limpia y barata, esto generará una baja sustantiva en los precios. Pero, paralelamente, hay que mirar hacia el norte y pensar en la energía nuclear. La industria de la minería, por ejemplo, realizará importantes inversiones en los próximos años y tendrá un gran consumo de energía. Ahí hay una oportunidad…Es urgente pasar de la fase del estudio sobre la energía nuclear y dar pasos más concretos hacia una institucionalidad para avanzar en este tema.”
La mirada mercantil limitada por los deseos utópicos de que  la energía nuclear es desarrollo,  le impide a las corporaciones chilenas ver las múltiples posibilidades de las regiones del norte del país. En octubre de 2009, el científico italiano, Premio Nobel de Física 1984, Carlo Rubbia, participó de un foro en Antofagasta, Chile, organizado por Energiza; el motivo fue demostrar que esa región norteña posee fuentes de energía renovable como el sol, el viento, las algas, la geotermia y la maremotriz.
Tres escuetas respuestas del físico sirven para el análisis que hacemos de los proyectos IIRSA:
“¿Cuál cree que es el camino que Chile debe seguir para el desarrollo energético?
-Chile tiene grandes oportunidades para desarrollar las energías renovables como es el caso del sol, donde tienen un potencial enorme, y también el viento y la energía mareomotriz.
Es muy importante que ustedes aprovechen estos regalos naturales, para la generación de energías limpias.
¿Cuándo cree que se pueda masificar la tecnología solar?
-No creo que sea un tema de tiempo, sino que de inversión.
Para estos proyectos debe haber una gran inversión y desarrollo, ya  que la tecnología solar cuesta lo mismo que otras tecnologías, por lo que es necesario que los gobiernos inviertan en este tipo de fuentes para posibilitar su desarrollo.
La matriz eléctrica del norte de Chile cuenta con muchas centrales que usan combustibles fósiles. ¿Puede que la energía nuclear se presente como una posibilidad de reemplazar estas fuentes más contaminantes?
-Esa podría ser una solución para países europeos, pero creo que no es el camino que debe seguir Chile. Ustedes tienen una gran cantidad de fuentes energéticas como el sol que es algo casi único en el mundo. Pienso que ahí deben apuntar las inversiones. (Cita N° xxx Fuente: Chilerenovables
Argentina tiene dos centrales nucleoeléctricas y prevé dos más, alargándole la vida útil a las obsoletas Atucha I y Embalse Río Tercero.
En cuanto a Atucha II, la ficha técnica debe ser analizada, tanto por sus costes de construcción adulterados  como por los beneficios relativos que brindará: mejorar la oferta de la generación eléctrica con sus 748 MW de potencia instalada y 5.900 GW/h de energía.
Atucha II, en la etapa del gobierno de Néstor Kirchner, que retomó las obras de la central, anunciaba su funcionamiento en el año 2010. Como veremos más adelante, la corrupción continúa como en su origen y varias causas judiciales comprometen seriamente a los responsables ejecutivos de
la CNEA.
E
n 2006 los trabajos de montaje, electromecánicos, en la Central Nuclear de Atucha II, continuaban su marcha de acuerdo con el plan anunciado por el Ministerio de Planificación e Inversión Federal, que previó la reactivación de la central para fines del 2010. Según especialistas que integran la nómina de empleados de la Comisión Nacional de Energía Atómica, debería haberse reformulado el proyecto de Atuchha II concebido inicialmente con tecnología de la alemana Siemens, empresa que había abandonado la industria nuclear. En vez de continuar la base vieja del proyecto habría que rehacerlo de cero, sostenían.
En 2006, informaciones del departamento de Relaciones Institucionales de Nucleoeléctrica Argentina, acotaban que el avance global de la obra se hallaba en un 81 %, porque todas las obras civiles sumaban un 83% -decía la adjudicataria- y ya se habían adquirido la mayoría de los suministros importados. Por entonces la información obtenida de la carpeta oficial de proyectos IIRSA mencionaba un cronograma de reactivación de la central en tres fases: la primera de doce meses para el relanzamiento (reorganización, recuperación de infraestructura, ingeniería y contratos); la actual, de 26 meses, para las tareas de construcción y montaje y una tercera, de 14 meses, para la puesta en marcha definitiva al 70 % de la potencia del reactor, en el 2010. En este sentido, informaron que han contratado a 1.617 nuevos empleados y están utilizando a otros 660 del personal de Nucleoeléctrica S.A. (NASA), de
la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y de la Autoridad Regulatoria
Nuclear (ARN) para la concreción del proyecto. La firma del contrato para la construcción de Atucha II se efectuó el 9 de mayo de 1980, con un costo aproximado de 1.800 millones de dólares y un plazo de ejecución de 7 años, debería haber comenzado su producción en 1987. Luego de 27 años de interrupciones, demoras y abandono de las obras, se necesitaron otros 740 millones de pesos para completarla y ponerla en marcha (Se dijo entonces que también en Brasil, la construcción de la central nuclear Angra, con capacidad de generación de 1.229 megavatios, estuvo paralizada 10 años por falta de recursos).
A los inconvenientes de una central nucleoeléctrica se suman los que tiene Atucha II, desde el origen. El diseño de 1970 pasó a ser obsoleto cuando comenzó su construcción en 1980. La cosa continuó peor al paralizarse por dos décadas más la construcción: el proyecto original (Siemens) choca con otra tecnología vigente en la actualidad. Por esa razón los responsables de
la Autoridad Regulatoria Nacional (ARN) que supervisa la actividad nuclear en el país, objetó en su momento proseguir con un proyecto que habría que haber vuelto a repensar y diseñar. Las presiones fueron muchas y tanto la ARN como la CNEA, que pertenecen a la misma hermandad corporativa, silenciaron las objeciones. Por ahí circulan varios documentos que advierten eventuales tragedias: “Si se rompe un caño se vacía el ‘tacho’ o recipiente de presión de la central, que está cargado con agua pesada. Lo peor que podría pasar es que se saliera todo el combustible gasificado.” La OIEA desaconseja estos diseños para la gestión del combustible irradiado porque no cumplen los estándares fijados después del incidente de Chernobyl y en cuanto al caso señalado se trata de la principal objeción: el diseño comprende en algunos casos hasta el 10% de seguridad sobre un 100% que establecen las nuevas normativas internacionales.
Se esperaba que Atucha II, en función del plan de obra una vez finalizados  los actuales montajes electromecánicos, permitiera las pruebas de presión del reactor primario, luego las pruebas preliminares y, finalmente, la puesta en marcha de la central, en el 2010. Pero no fue así. Una vez más hubo que recalcular los costos porque al 2011 aún no habían concluido las obras y la inminente inauguración de la planta ya había sido anunciada para ese año electoral por la presidente Cristina Kirchner. La urgencia obligó a Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA), a incorporar más personal: 60 técnicos, 35 ingenieros, 7 administrativos y un número no determinado de trabajadores del sector.
Por lo pronto, un sábado de abril de
2010, a las 5 de la tarde,  me instalé en las puertas de acceso de la planta Atucha II y comprobé que aproximadamente cinco mil obreros salían presurosos hacia unas ochocientas combis que los transportarían hacia sus casas. Extrañé una cámara de filmar emulando “la salida de los obreros de la fábrica”, histórico registro de los Lumiere en los inicios de la cinematografía. Pocos días antes,  la tragedia de las centrales nucleares de Fukushima y el contraste de semejante aceleración para concluir Atucha II,  reproducían en mi memoria imágenes superpuestas e indescriptibles del espectáculo dantesco de Japón, inconcebible en las mentes de aquellos obreros  japoneses que en la década de los años setenta  fueron parte de la construcción de las centrales diseñadas por la Westinghouse y la General Electric. La comparación era inevitable.
El incremento de trabajadores se relacionaba con el compromiso de inaugurar Atucha II en septiembre, días antes de las elecciones presidenciales. Pensamos que Fukushima obligaría a trasladar la puesta en marcha de la planta para después del conteo de los votos de octubre y al mismo tiempo a ocultar el precio final del proyecto termonuclear. Pero no fue así, los votos obtenidos por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en las primarias de agosto, la ensoberbecieron, adelantando la inauguración de Atucha II ( a pesar de Fukushima y de los países del Norte nuclear que debaten reemplazar la energía nuclear). En realidad, la presidenta Kirchner inauguró la mole de hormigón que contendrá a la vasija del reactor, pero la planta tardará dos años más en entregar energía nucleoeléctrica al sistema interconectado nacional. Los costos durante estos dos nuevos años tampoco fueron explicados.
Es que la inflación se come el precio final imaginado. Atucha II, iniciada hace nada menos que 31 años, habrá despilfarrado más de 4.500 millones de dólares. A 7.500 dólares por kilovatio instalado de energía, “la planta nuclear más cara del mundo” en opinión de ex funcionarios de
la Secretaría de Energía de la Nación. Ahora habría que asociarle las fastuosas partidas que finalmente la pondrían en funcionamiento.
Para los proyectos IIRSA está
la CAF (Corporación Andina de Fomento). De esa financiera surgen los 240 millones de dólares para extender la vida útil de la Central Nuclear de Embalse (CNE). La inversión total para revitalizar la de Embalse se fijó en 1.000 millones de dólares por tanto habría que definir el origen de  los 760 millones restantes. No obstante, en agosto de 2011, en una conferencia de prensa realizada en Casa de Gobierno, se anunciaron nuevas cifras y nuevos socios para “la reconstrucción” de  Embalse: el proyecto será encabezado por Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA) y la empresa canadiense ACN. Se firmaron siete contratos por 444 millones de dólares, para una obra cuyo costo final ahora se fija en 1,366 millones de dólares. “Los restantes 800 millones de dólares son contratos con empresas argentinas”, especificó el ministro de Planeamiento Julio De Vido. Poco después, al inaugurar el esqueleto de Atucha II, la presidente argentina anunció que se paralizaría Embalse durante 18 meses, “tiempo necesario para extender la vida útil de la central”, cometiendo otra imprudencia de tiempos y costos: hoy sabemos por los mismos técnicos encargados de esa tarea, en la provincia de Córdoba, que la obra demandará más de dos años paralizando la producción de la energía de Embalse.
La primera fase fue de evaluación y análisis del proyecto mientras que la segunda incluye las especificaciones técnicas, compra de repuestos y firma de contratos con las empresas; y la tercera comprende la ejecución de la obra. El organismo ejecutor del préstamo será la empresa Nucleoeléctrica Argentina SA (Nasa) que tiene a su cargo la producción y comercialización de la energía eléctrica producida por las Centrales Nucleares Atucha I y Embalse y la finalización de la obra de
la Central Nuclear Atucha II.
El propósito del gobierno argentino, de rehabilitar Embalse para que continúe prestando servicios por 25 ó 30 años adicionales, es un disparate; un riesgo muy grande con centrales agotadas, cuando la norma internacionalizada sobre el particular aconseja su decomiso. Embalse continuará funcionando “mediante procesos de acondicionamiento y sustitución de componentes del reactor y otros sistemas fundamentales” que habrán de fabricarlos operarios de
la Comisión Nacional
de Energía Atómica. De hecho también lo vienen haciendo para Atucha, aunque no lo digan, reemplazando repuestos que Siemens dejó de fabricar.

Otro país, Venezuela, revolucionó el mundo de pro y antinucleares, al firmar el  presidente Chávez un acuerdo con la Federación Rusa para producir varias plantas nucleares que suministrarían 4.000 megavatios de potencia. El primer reactor será de 500 megavatios, a base de uranio enriquecido, como combustible, y a construir en doce años a un costo de 3.500 millones de dólares, un poco más pequeño que el reactor argentino de Embalse.
Nuestra insistencia ratifica que una cosa es contar con tecnología nuclear para investigación, medicina e industria, y otra muy distinta es seguir con la proliferación de los mausoleos nucleoeléctricos, de incontrolable producción de residuos radiactivos e impactos directos a lo largo de la cadena del voluminoso combustible nuclear que requieren.
Venezuela revela falta de planificación en cuanto a la matriz energética que necesita y que debería desarrollar; formar especialistas, técnicos y científicos, en las energías de alternativa, las que muy pronto regirán en el mundo, la de fusión por ejemplo, o la solar a través de mayor investigación en torno a fotovoltaicas y termo solares, según convenga. Verse en el espejo de aquellos países (de Europa, por ejemplo) que están intentando una reconversión de la industria de fisión en la solar, mareomotriz y otras de menos impacto contaminante, y más económicas, mientras se investigan las posibilidades de aplicar la energía de fusión nuclear, prevista como la gran solución en un futuro próximo. El presidente Chaves, se suma a la grey que examina esta energía después del fracaso japonés de Fukushima.
Colombia cuenta con el IAN R-1, un reactor nuclear de 100 kw para investigación, fabricado en Estados Unidos, que estuvo parado durante siete años, pero los planes de
la OIEA (Organización Internacional de Energía Atómica)  ofrece, a países como el colombiano, reactores nucleoeléctricos, minimizando el daño sobre el hombre y el ambiente (el 63% de la energía Colombiana es hidroeléctrica). Es por influencia de la OIEA que el Instituto de Ciencias Nucleares y Energías Alternativas de Colombia (INEA) ha contemplado construir una planta nuclear para generar electricidad o comprar un reactor de 600 MW en los mercados. En que momento lo haría, se desconoce, pero  los problemas serían inmediatos ¿qué gente está preparada para controlar y operar esa central? Por otra parte, tendrían que modificar la carta magna del país, la Constitución Colombiana
de 1991 prohíbe transportar o almacenar material radiactivo en el territorio nacional.
El IAN R-1 depende de su principal usuario, el Instituto Colombiano de Geología y Minería (Ingeominas) y mantenerlo operativo le cuesta 42 millones de pesos anuales, mucho menos que decomisarlo. Es la única instalación de su tipo en todo el territorio bolivariano, que comprende a Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela.
En América Latina, salvo Argentina, Brasil y Méjico -en ese orden- no hay centrales nucleoeléctricas ni personal especializado para ellas. 

Brasil –ya se dijo- coloca sus proyectos nucleares dentro de la carpeta de IIRSA. La política de Lula-Rousseff va en ese camino, y los convenios de integración y coparticipación con Argentina lo prueban. En el balance energético nacional, el producido por el petróleo ronda el 46%, y va en aumento; el hidroeléctrico es del 32%. En cambio, la energía producida por los dos reactores en la Angra es tan solo del 4%. Entonces plantear como alternativa limpia a la nuclear, ya que no produce gas carbónico (omitiendo la peligrosa suciedad de los desechos radiactivos en todas las etapas de la generación del combustible),  lleva a Brasil a una tercera central, cuyas obras habían sido suspendidas hace 21 años, y hasta ahora, parece no preocuparle el cementerio nuclear que necesitará para alojar los residuos radiactivos de alta actividad, a perpetuidad. Angra 3 no será una central cualquiera pues contará con 1.350 MW de potencia instalada, ubicada al sur de Río de Janeiro en Angra dos Reis. La obra estaría terminada en 2013 por un valor de 3.750 millones de dólares.
La incógnita es saber que persiguen los gobiernos cuando se embarcan en obras colosales pero de reducida producción para los fines buscados. Dos turbinas de la represa de Itaipú (700 MW cada una, de las 20 que ofrece el mayor gigante hidroeléctrico de Sudamérica), superan holgadamente la energía que dará Angra 3 (1.350 MW) y su costo total es significativamente menor a la nuclear si tenemos en cuenta que se pagó por ella un 60% más (Itaipú  costó 6.000 millones para 14.000 MW de potencia instalada). Ambas son dos despropósitos por su impacto social y ambiental, no cuantificado en informe alguno. Ahora bien, si la política de estos países es dominar una tecnología que ofrece radioisótopos únicos para la industria bélica del átomo, la nuclear no tiene competencia por ahora.
A pocos días de asumir Dilma Rousseff, Brasil y Argentina firmaron varios acuerdos entre los que se destacan la construcción de un reactor nuclear multipropósito -así denominan a los de escasa potencia pero que producen radinucleidos suficientes para medicina, investigación e industria- y dos centrales hidroeléctricas en el estado de Río Grande do Sul.
Pero nada dijeron acerca del Carem, un reactor prototipo fabricado en Bariloche  por INVAP (Investigaciones Aplicadas),  que propulsaría a los submarinos nucleares de Argentina y Brasil, construcción anunciada por la ministra de defensa de Argentina Nilda Garré,en junio de 2010: “la propulsión nuclear en una de nuestras unidades comenzaría a cambiar la matriz energética”, auguró.
Los brasileños entienden que deben aprovechar la experiencia argentina en tecnología nuclear y la firma de este y otros convenios supone una integración como nunca se había dado entre los dos países. Sin embargo, ambas políticas dejan de lado la cuestión ambiental y la discusión de por qué y para qué el uso de estas tecnologías. El reactor habrá de producir radionúclidos, entre otros destinos, para la ionización radiactiva de alimentos, sin proponer información y discusión previa en los respectivos pueblos. A la población le está vedado pensar y ser consultada, el voto que elige al gobernante convierte en suprema omnipotencia las decisiones que asume el distinguido,  a tal punto que resuelven la entrega de territorios para la devastación de los recursos naturales con el cuento de mano de obra ocupada y el efecto macroeconómico multiplicador de la inversión empresaria: no se plebiscitan los proyectos ni se considera a las comunidades que se verán afectadas.
La radiación es el conservante de alimentos (por ionización) que beneficiará a las corporaciones exportadoras, de hecho gran cantidad de productos comestibles son ionizados actualmente con esa finalidad: la utilizan treinta países, permitida para medio centenar de alimentos. Esta técnica de conservación,
a altas dosis, esteriliza completamente el alimento destruyendo los microorganismos y sus formas de resistencia, logrando así que los productos sean seguros para su consumo y se puedan almacenar sin necesidad de frío, aunque pierda sus propiedades nutritivas. El proceso se realiza con el alimento dentro de su envase definitivo, y la ionización acelera las reacciones de oxidación y disminuye el contenido de algunas vitaminas en el alimento. En algunas ocasiones, debido a la oxidación, el producto cambia de color y aparecen sabores extraños. Si bien el producto tratado no es radiactivo, la ionización de alimentos, aprobada por
la FAO y la OMS, está restringida en Europa a su aplicación en un número muy pequeño de alimentos. En Estados Unidos y en otros países la legislación es más amplia.
Las investigaciones aconsejan aplicar otra tecnología que ioniza los alimentos con radiación Beta y no deja desechos peligrosos. El Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (CEBAS), en Murcia, que depende del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de España, propone la técnica de aceleradores lineales de electrones (rayos Beta) como sistema de ionización de elementos frescos y transformados, ya que al proceder de los rayos Beta de una fuente eléctrica puede interrumpirse su emisión voluntariamente, no existe tampoco el grave problema de la radiación y la acumulación de estos residuos. Para Félix Romojaro Almeda, investigador de CEBAS,
este tipo de instalaciones no se la considera como clasificada, el proceso es rápido y de cómoda aplicación y lo que es más importante los productos no requieren cuarentena. La aplicación de la ionización con electrones acelerados a los alimentos -continua el especialista- puede ser una alternativa a los tratamientos químicos de desparasitación con agentes fumigantes del tipo oxido de etileno, bromuro de metilo etc., cuya utilización ha sido limitada o prohibida en
la U. E. También se ha comprobado que presenta gran efectividad en el control y eliminación de microorganismos patógenos, así como de mohos y levaduras, que deben eliminarse de los alimentos por presentar un riesgo para la salud del consumidor o por provocar alteraciones en los mismos.”
Entonces ¿por qué seguimos con la ionización de alimentos utilizando isótopos como el Co 60 y fabricando residuos radiactivos de todo tipo en reactores como el que pretenden construir los gobiernos brasileños y argentinos asociados? ¿Acaso no se aplica ya la tecnología de aceleradores lineales de electrones que no afectan radiactivamente? El impulso de la investigación en los países de IIRSA debe darse por este camino, con este sistema, mediante aceleradores lineales de electrones, se obtienen iguales o mejores resultados en el campo de la medicina, fundamentalmente para diagnósticos y en reemplazo de la radioterapia clásica.

El tercer país nuclear latinoamericano, Méjico, posee una sola central nuclear  (Laguna Verde 1976) pero con dos unidades generadoras de 682.5 MW de potencia cada una. Son marca General Electric, vieja firma autorizada para vender reactores, bendecida por el gobierno de los Estados Unidos de la administración Eisenhower, al comienzo de la era nuclear y después del consabido “átomos para la paz”. La Central Nuclear de Laguna Verde no forma parte de los proyectos IIRSA pero si de su hermano, el Plan Puebla Panamá.

Seriedad Científica

Es necesario explicar una vez más la posición y las razones de quienes nos oponemos a la energía nucleoeléctrica.
Hemos dicho, en reiteradas ocasiones, que se hace inevitable enfrentar un debate  sobre la cuestión nuclear. De hecho se produce cada vez que ocurren los anuncios de una nueva planta o de abandonar este tipo de energía. Deberían saber, quienes se oponen a la minería de uranio, que discutir si o no a la energía nuclear es inevitable, incluso aquellos que ciegamente se oponen a la  minería de uranio, porque para las cuatro centrales que pretende el actual gobierno argentino se necesitarían 10.000 toneladas de uranio como combustible para 30 años de vida útil de las plantas; es decir que, si los argentinos que rechazan esa minería, igualmente apuestan a la energía del átomo, tendrán que reconocer que hay que extraer esa cantidad de uranio y lixiviarlo de las rocas con ácido sulfúrico y abundante consumo de agua, etc. Diferente sería el volumen de la extracción uranífera para los pequeños reactores experimentales, de investigación, de isótopos para la medicina e industria.  Significativamente inferior y totalmente controlable, con escasa producción de residuos radiactivos.
En ocasión de los épicos enfrentamientos en torno al repositorio nuclear de desechos radiactivos de Sierra del Medio, que
la CNEA pretendió construir en inmediaciones chubutenses de la localidad de Gastre, centro norte de la Patagonia austral, tuvimos que polemizar y debatir diariamente durante los años ochenta y noventa, con los funcionarios principales de la Comisión Nacional de Energía Atómica. En 1986 el proyecto de prefactibilidad se hallaba a la firma del presidente Raúl Alfonsín y desde entonces debimos pugnar arduamente para impedirlo sobre todo durante el gobierno siguiente, de Carlos Saúl Menem. (Ref.: En la Patagonia No, crónica de la epopeya antinuclear de Gastre. Veinte años de movilizaciones que impidieron el repositorio atómico en Chubut, autor Javier R. Pardo, ediciones Lemú, El Bolsón).
De aquellos debates recogimos una experiencia formidable y conocimientos que debimos adquirir de manera autodidacta, consultando fuentes y antecedentes mundiales, físicos, técnicos e intelectuales de uno y otro bando. Volvimos a los libros de las llamadas asignaturas duras pero frente al tema en cuestión de poco servía la bibliografía tradicional ante una experiencia única en el mundo, un repositorio nuclear. 
Los barones del átomo se jactaban de una formación que era imposible que tuvieran incluso aquellos universitarios que no pertenecían al cónclave nuclear. Abstenerse de opinar en contrario sobre el repositorio de desechos radiactivos era la invitación que nos hacían los técnicos nucleares. Sin embargo la polémica fue constante, ininterrumpida e imposible de eludir por ambas partes, hasta casi el año 2000, con infinidad de acciones, foros, debates y movilizaciones en toda
la Patagonia
, a pesar de inflexiones cientificistas como esta: “Cuando se informa sobre algún tema y solo se muestran aquellas partes que, una vez deformadas sirven para apoyar una teoría y se ocultan otras que demuestran que esa teoría es falsa, el informante comete un fraude que, en muchos campos de la actividad humana, está penalmente castigado. (Revista Ciencia Hoy N°42 Buenos Aires).
No creímos nunca que fuera intención de las partes en puja cometer fraude alguno, pero cuando se habla de fraude, como en este caso, debemos denunciar firmemente que
la cnea  (Comisión Nacional de Energía Atómica) y sus mentores, firmaron el proyecto Gastre como factible cuando no había sido probada la aptitud del sitio del emplazamiento, además de haberse ignorado innumerables estudios, según se aprecia en el debate  de geólogos y especialistas con la propia institución nuclear. (Diario Jornada, Trelew, 8 de mayo de 1988 “No hay estudios geológicos de Gastre”)

La CNEA tejió las artimañas más descabelladas y quedó  como farsante ante la opinión pública patagónica. De no mediar nuestra intervención, y la del pueblo chubutense, el basurero de nuclear de Gastre (así lo definió el uso popular) hubiera sido firmado por el presidente de la Nación, Ricardo Alfonsín, en 1986, sin los estudios anunciados de factibilidad –como más tarde debió reconocer la propia comisión atómica– debido a la denuncia de los geólogos; esto es, se habían “saltado” pasos, la “comunidad internacional nos podría mirar con malos ojos”, los valores presentados de la roca granítica correspondían a los de Suecia (mientras exhibían muestras testigos del afloramiento argentino), faltaron estudios de hidrogeología y sísmicos (pero afirmaban estudios multidisciplinarios), y se trata de una zona que no ofrece la estabilidad geológica requerida por los propios organismos internacionales como la oiea, entre cien mil y un millón de años (ocultaron movimientos telúricos del cuaternario), entidad a la que Argentina elevaba frecuentemente las investigaciones que la CNEA nunca había realizado y las que había fraguado. Estamos hablando de una “instalación nuclear relevante” que pensaban habilitar en el año 2005.
Si esto no es fraude, ¿qué es? ¿A qué se le llama fraude, entonces?
En la misma publicación (Ciencia Hoy) el técnico de
la Comisión Nacional de Energía Atómica de Argentina dice que “las reglamentaciones internacionales que rigen en la materia de transporte de residuos y materiales radiactivos son extraordinariamente rigurosas, y producto de extensas investigaciones y pruebas científicas que han conseguido eliminar de manera total cualquier riesgo de que los radionucleidos de los productos transportados puedan escapar al exterior de los contenedores”.
La teoría de que los únicos conocimientos válidos son los adquiridos mediante las ciencias positivas y la práctica rigurosa de sus métodos, llevó a los nucleares expresar con absolutismo dogmático “que han conseguido eliminar de manera total cualquier riesgo” (así dice: “de manera total cualquier riesgo”) que permita que los radionucleidos escapen de sus recipientes. Decenas de páginas guardan innumerable cantidad de vertidos y derrames nucleares con el consabido daño al ambiente y a las poblaciones, algunas veces, extremadamente graves. Afirmar de manera apologética que es correcto arrojar a los océanos los residuos radiactivos nos hace reflexionar -como siempre- acerca de dos visiones distintas sobre la calidad de vida que queremos unos y otros. Aún veo las imágenes recogidas por los buzos de Cousteau de contenedores radiactivos abiertos a los diez años de haber sido arrojados al mar, cuando no deberían haberse abierto antes de los cien o doscientos años, según los casos. Veo aún al pez espada girando en torno a un tambor destrozado en las profundidades del Mar del Japón y a otros cilindros de metal abriéndose al tocar el agua, filmados por la televisión holandesa. Y no es mi intención ahora revolver sobre estas páginas para insistir con los innumerables ejemplos de recipientes con material radiactivo que se dejó escapar por fallas en su hermeticidad, porque equivocaron el diseño o calcularon mal las cantidades, por fatiga de materiales o negligencia humana.
¿Cómo podemos justificar la interpretación que el hombre nuclear hace de la ecología cuando dice que “con el reprocesado de los residuos radiactivos de alta actividad se hace ecología” porque se recicla el combustible nuclear quemado?
¿Guarda seriedad científica semejante afirmación?
En una planta de reprocesado hay mayor acumulación de residuos radiactivos que los generados en un reactor, pero desde un comienzo los vienen arrojando al mar, todos los residuos, incluyendo los de alta actividad porque enterrarlos hasta ahora fue imposible. En la planta de reprocesado de Windscale, por citar un ejemplo que mencioné cuando escribí “Licor de Brujas” (capítulo 11 de En
la Patagonia NO), los residuos líquidos aún se arrojan “al Solway Firth a través de tuberías gemelas que los descargan bajo el agua a más de tres kilómetros mar adentro, a un ritmo de 500.000 litros por día”. Por ahí también se suele ir el “licor de brujas”, ya que muchas veces los tanques y las instalaciones pierden el infernal residuo.
¿Es esto ecológico? O en todo caso ¿con qué grado de moralidad lo medimos?
¿Podemos hablar de que la nuclear es una energía limpia como su ufanan los nucleócratas y el grupo de imbéciles de la política desarrollista del progresismo sudamericano? 
Tenemos registradas cientos de fugas en instalaciones de reprocesado, algunas de ellas merecerían ser detalladas aquí como el caso del tanque 106 T en el área 200 oeste de
la Reserva de Hanford. Pero tanto Estados Unidos (militarmente) como Francia, Gran Bretaña, la otrora Unión Soviética, la Rusia actual, India, China y Japón padecen un listado interminable de accidentes gravísimos sencillamente porque en la mayoría de los casos los tanques de almacenamiento no resisten el efecto corrosivo de “los líquidos” letales.
Pero para quienes impulsaron el repositorio de Gastre son ciertas solamente sus afirmaciones, cuando escriben “Los residuos nucleares: una paranoia desenfrenada” afirmando que “en todos los casos, los contenedores de residuos rbn (residuos de bajo nivel) son rigurosamente inspeccionados, monitorizados y colocados en trincheras o profundos pozos de enterramiento”, y otra vez la memoria que me avisa acerca de las trincheras de Ezeiza, en la provincia de Buenos Aires, los enterramientos en Los gigantes, en Córdoba, y los de Sierra Pintada, en Mendoza. De Córdoba, incluso deben erradicar la fábrica Dioxitec por decisión del gobierno provincial; en Sierra Pintada, las denuncias de la gente y las pruebas de contaminación están a la vista, de tal manera que la comunidad en su conjunto se moviliza apoyando sus recursos de amparo ante la justicia; y en el caso de Ezeiza, aguas subterráneas con niveles de radiactividad y presencia de radionucleidos sólo surgen de la actividad nuclear de ese Centro Atómico, una realidad actual que se juzga en los tribunales de Lomas de Zamora, y que tiene en el médico Valentín Stiglitz a su mejor referente. El futuro próximo dirá quién tiene razón.
Por ahora estos señores del átomo cuantifican cifras tomando bases de datos parciales, comparando las muertes de la energía nuclear con las del consumo de cigarrillos o con las de un repositorio de residuos radiactivos de alta actividad, cuando aún no hay ninguno instalado en el planeta. ¡Qué generosa es la inmensidad del mar, castigada con toneladas de esta escoria letal! ¿Lo habrán de tolerar los océanos? ¿Podrá cuantificar el nucleócrata los cálculos futuros y la multiplicación geométrica de la actividad nuclear dentro de otros setenta años, con el espantoso hacinamiento poblacional que tendrá el planeta y el cúmulo de máquinas nucleares de fisión que habremos construido? Porque también habrá más residuos radiactivos que se sumarán a los anteriores produciendo como impacto inmediato en la población el efecto acumulativo. La radiactividad es acumulativa y es la parte que más soslayan quienes la defienden.
Si tomamos estadísticas falsas u obviamos cualquier dato y además consideramos dosis poco confiables de exposición radiactiva en niveles ideales de laboratorio, prescindiendo del entorno, etc. los resultados serán catastróficos.
De los residuos radiactivos, dos de ellos son recuperados, el uranio y el plutonio que como hemos venido diciendo, después de reprocesados retornarían como combustible al reactor. El plutonio, principalmente, destinado a la fabricación de bombas atómicas y ojivas nucleares (hay países que solo reprocesan con esa finalidad). Parte de componentes con plutonio quedan también como escoria radiactiva.
¿Pero son estos los únicos residuos que se producen? No. También cosechamos zirconio 93, que forma el 6,5% de estos desechos y que tiene una vida media de cinco millones de años (el plutonio tiene una vida media de 24.400 años, como dijimos, pero perdura activo por 250.000 años); el cesio 135 (6,4%)y una vida media de tres millones de años; también el 6,1% de estos residuos tienen tecnecio 999 que continuará activo en el planeta por quinientos mil años, y el rubidio 87 que forma el 2,5% de los residuos radiactivos y que sólo perderá la mitad de su actividad al cabo de sesenta millones de años. Se necesitan por ejemplo trescientos años para que la radiactividad del estroncio 90 baje un curio y que el cesio 137 descienda a un milicurio. Los residuos de alta actividad que producen una tonelada de combustible irradiado incluyen unos cien mil curios de cada uno de ellos. Un reactor de 1000 MW. de potencia instalada produce veinticinco toneladas anuales de combustible irradiado. Uno solo. Sumemos y calculemos semejante cóctel con todas las plantas nucleares existentes y las que están en camino, de las que dimos debida cuenta en libro En
La Patagonia NO (Cita N°    (www.machpatagonia.com.ar)
Pues bien, multipliquemos las cifras anteriores por el número de reactores que actualmente hay en funcionamiento, en construcción o en proyecto, pero a todos estos residuos agreguemos además todos los sólidos que se contaminaron durante el proceso de producción: guantes, ropas, trapos, vidrios rotos de las muestras de laboratorio, toallas, etc., que generalmente se omiten al cuantificar impactos y al proyectar grados de contaminación, ¿cuál es el futuro dentro de setenta años más de actividad nuclear?
Si la cuantifican los barones nucleares estamos perdidos, porque al actuar sin escrúpulos, la conciencia, ese conocimiento reflexivo de las cosas, muere por la soberbia y el pragmatismo de intereses.
Estos señores vertieron al mar millones de barriles con residuos radiactivos de alta actividad y les pareció que era correcto hasta que desistieron de tamaña hazaña científica. Al menos públicamente. De manera secreta lo siguen haciendo.
La epa es la oficina oficial del gobierno norteamericano para el medio ambiente y certifica que ese país arrojó al Atlántico y al Pacífico más de 75.000 barriles en los primeros 20 años. Las operaciones fueron autorizadas pero hubo otras descargas ilegales por intermedio de aviones y barcos camuflados.
Entre 1949 y 1966 (17 años) Inglaterra volcó 58.000 barriles de residuos radiactivos al Canal de
la Mancha. Se usaron fosas profundas frente a las costas de Galicia pero las corrientes enviaron muchas veces a los contenedores lejos de ellas, o por falta de puntería, pero no olvidemos que residuos líquidos aún se arrojan “al Solway Firth a través de tuberías gemelas que los descargan bajo el agua a más de tres kilómetros mar adentro, a un ritmo de 500.000 litros por día”. (XXX Solway Firth se traduce por fiordo de Solway, limite que separa Escocia de Inglaterra, en el mar de Irlanda. Es difícil concebir descargas de residuos radiactivos de esa magnitud en uno de los litorales británicos más pintorescos, con  pesca artesanal y ascendente turismo. Británicos, irlandeses y noruegos -estos últimos reciben las corrientes marinas- libran denodados esfuerzos intentando paralizar la planta de reprocesado de Sellafield.)
Francia, uno de los países con más escoria radiactiva hizo lo mismo. Se dieron cuenta que convenía usar otro sitio distinto al de los ingleses, pero la oposición de Mónaco impidió que utilizaran el Mediterráneo con ese propósito, así que anduvieron arrojando los residuos por aquí y por allá, pero finalmente continúan vertiéndolos en el Canal de
la Mancha.
Y
a vimos como los buzos de Jacques Cousteau filmaron contendores abiertos mucho antes de lo previsto (cuando la seguridad de los nucleócratas había calculado que no deberían abrirse) y elevó la denuncia con la película y los detalles al Parlamento Europeo.
¿Habrán calculado correctamente los materiales usados en los contenedores.
La Comisión Nacional de Energía Atómica de Argentina eso no lo permitiría jamás, aquí no ocurriría nunca. Esas barbaridades solo pasan en el primer mundo. De modo que -con deliberada e inocultable ironía- brindemos un voto de confianza a nuestros científicos y técnicos.
Ellos también aplican el sarcasmo, desafortunada socarronería, mencionando la cantidad de “elementos radiactivos con los que convivimos y que-ciertamente- pueden contener americio, tritio o torio”, sugiriendo que no producen daño o lesión alguna. En este sentido, no puedo evitar relacionar el uso de tales sofismas, característica de los técnicos de gran parte de las agencias nucleares del mundo (no solo de nuestro país), con la defensa que hacen los mineros de la práctica de lixiviación con cianuro de sodio, justificando que también las papas, los porotos, la banana, los cigarrillos, las almendras, etc. contienen cianuro y que como poseen cianuro que ingerimos, éste es inocuo; un singular silogismo propio de los sofistas. De igual modo entonces no debemos preocuparnos por la radiación ya que convivimos desde siempre con americio, tritio y torio.
Menos aún le permitimos a los nucleócratas que nos digan que cuanto más ascendemos en la montaña más radiación recibimos queriendo contestar de ese modo que el hombre vive con ella y que además no puede vivir sin ella. Y es cierto. Tan cierto como que no podemos vivir sin el agua, pero nos podemos ahogar en una bañera.
Los ejemplos comparativos que el licenciado del átomo hace de algunos residuos nucleares de la medicina y su deposición final a través del orín del paciente, es de una aberración inconcebible, como toda argumentación torpe, frente a la discusión seria cuando nos hallamos con el Cesio 137 de Goiania, que también era para uso medicinal.
Cuando en Puerto Madryn el geólogo Francisco Nullo, reveló con claridad cuál era el  proyecto inescrupuloso de
la Comisión Nacional de Energía Atómica, varios de sus miembros se ubicaron en la primera fila, ejerciendo una presión evidente pero que no hizo mella en la elocuencia y personalidad del disertante, ni de los que estábamos en el recinto. Entonces no tuvieron nada mejor que cruzarse entre ellos sonrisas irónicas, captadas por todos los que estuvimos allí y por un periodista del diario Jornada que escribió en su columna: “Sonrisas Sardónicas. El manejo de una tecnología letal –dijo el periodista- debería comprender además de una elevada solvencia técnica, una altísima cuota de respeto por el hombre común, ese real y a veces también supuesto destinatario de los beneficios de cada proyecto innovador que se emprende. En dos oportunidades en los últimos tiempos, comprobadas con disgusto tanto por este periodista como por varios de los asistentes a cada acontecimiento, algunos miembros de la Comisión Nacional de Energía Atómica, demostraron carecer, a juzgar por sus sonrisas sardónicas y sus comentarios en voz baja mientras alguien expone dudas u opiniones que no son coincidentes con sus enfoques, de este material elemental: el respeto. Es comprensible –continuó el periodista– que hombres de ciencia se impacienten ante opiniones vertidas por legos. Pero esto no justifica actitudes profundamente antidemocráticas, que contienen una buena dosis de mala educación y, esencialmente, ponen una alta cuota de duda sobre el nivel de responsabilidad social de quienes manejan una materia altamente peligrosa. Salvo que la Comisión Nacional de Energía Atómica esté en realidad convencida de que la fisión del átomo fue un acontecimiento similar a la creación de los parques infantiles”.
Algunos funcionarios del átomo suelen decir, descaradamente, que han experimentado arrojando un tambor de residuos radiactivos desde un avión, sin producir emisiones radiactivas después del impacto, pero no pueden explican la radiación emitida por una bomba que se desprendió de un avión norteamericano (cayó al mar, no impactó en la tierra) sin alcanzar a explotar, produjo contaminación radiactiva sobre una playa del mediterráneo español y ulceraciones en personas que caminaban sobre la arena mojada. En
la Patagonia NO, reproducimos una de las fotos que tuvo enorme difusión en su momento, con miles de tambores de arena embalados por soldados norteamericanos para ser transportados a su país, responsable del grave percance radiactivo, aunque no llegaron a destino.
Las concentraciones de radón en las casas y el radón natural con el que bien o malamente convive el hombre, la gente de energía atómica las suele comparar con las que surgen de la explotación minera del uranio, y ya vimos las documentadas opiniones sobre la extracción de este mineral cuando el Centro Nacional de Estadísticas de Salud de los Estados Unidos publicó que “el número de defectos en bebés que habitan en zonas próximas a minas de uranio que fueron explotadas en Utah, Nuevo México, Colorado y Arizona es de diez a ciento cincuenta por ciento más que el promedio nacional en el resto del país.”
¿Es que acaso mienten los médicos del hospital de Shiprock en Estados Unidos al confirmar que sesenta de las setenta personas con diagnóstico de cáncer de pulmón eran mineros del uranio?
Si parto de esta y otras estadísticas, el cálculo de probabilidades que aplicarán los técnicos nucleares no será de su agrado, pero si utilizo sólo los datos estadísticos que ellos deciden considerar, los resultados les hablarán de una energía nuclear sin riesgos o, en todo caso, mucho menos peligrosa que fumar un cigarrillo o viajar en avión, como suelen colegir.
Si lo que expusimos a lo largo de nuestros debates, en libros y en foros, no fuera cierto, miles de personas de las que centenares son catedráticos y especialistas en cuestiones nucleares, merecerían el apelativo de ignorantes, conforme a lo planteado por los dogmáticos de
la CNEA
; o será que el miedo al que alude el experto en residuos nucleares es el mismo que obliga a las primeras potencias en la materia a no contar aún con repositorios de residuos radiactivos de alta actividad y a arrojar a los océanos buena parte de los residuos radiactivos que fabrican.
Son acciones tan negligentes e inmorales que, después de setenta años de esta industria, que nació con fines bélicos, todos sus acólitos decidieron dejar pasar algunas décadas pensando, mientras tanto, cuál será la mejor manera de desprenderse de los residuos. A lo mejor se podrá poner en práctica la máquina de reciclado que dice haber concebido el premio Nóbel de física 1984, Carlo Rubbia, al que ya recurrimos anteriormente: “Tomamos todo tipo de desperdicio de otros reactores y los pusimos en una de nuestras máquinas” –dijo Rubia– y "todo se convirtió en desperdicios no peligrosos y de bajo nivel radiactivo”. Entonces se habrá dado un paso importante pero no definitivo en el campo del desarrollo nuclear porque, mientras funcionen como ahora las gigantescas nucleoeléctricas, la espada continuará pendiendo de un hilo, siendo el globo terrestre la cabeza guillotinada.
El mismo físico italino Rubbia propone desarrollar las energías alternativas y combinar incluso la solar con la nuclear (se refiere a la de fusión que no deja residuos radiactivos letales): “en sus investigaciones encontró nuevas partículas y fórmulas para hacer más eficiente la energía nuclear y reducir los residuos contaminantes. Sin embargo la verdadera revolución la hace con su desarrollo de la energía solar termodinámica. Con espejos parabólicos coloca una sal combinando nitrato de potasio y de sodio que la denomina sal de Chile, por el salitre, y a la temperatura de 550° la moviliza a termos que guardan el calor y con estos genera energía eléctrica, dando continuidad al suministro. Es de esta manera como la energía solar se hace competitiva y triunfa sobre la nuclear y tiene ya un amplio desarrollo en países como España, que le han dado el sello verde de las renovables. El físico señala que están para cumplir los sueños y entre ellos el de la fusión nuclear que no deja residuos, planteándolo como tarea pendiente.”( …)  (
http://www.diarioaysen.cl/columnas.php - Columna de opinión de Antonio Horvath Diario de Aysen)
Las ficciones urdidas por
la cnea, rodeadas de maniqueos engañosos, quedaron en evidencia cuando debieron corregir, de su discurso original, que el emplazamiento de Gastre sería únicamente para residuos nacionales. Las pruebas expuestas aquí documentan como en años anteriores y posteriores al anuncio de un repositorio nuclear en Chubut, una delegación de la cnea, encabezada por su mentor mayor, Carlos Castro Madero, le ofrecía a Suiza el emplazamiento de Gastre. El gerente de radiología de la CNEA, ensoberbecido en la presentación del proyecto de prefactibilidad le exclamó a la prensa, “contemplamos la posibilidad de arrendar el repositorio a otras naciones.”
Cuándo los técnicos mencionan fraude en la discusión ¿a qué, cuál y a quienes refiere?
Decir que es remoto (aunque posible) que se hunda un barco transportando residuos radiactivos, raya en la arrogancia, y esa suerte cientificista de cuantificar todo con estadísticas de probabilidad, seguramente es la misma que le permitió al armador del Titanic decir que a su barco “no lo hunde ni Dios” y al Exxon Valdés, al Prestige y a tantos otros, destruir por décadas ecosistemas marinos y la economía de las poblaciones afectadas por sus majestuosos, consistentes e infalibles transportes.
Hemos visto incontables veces de qué forma ponderan y proyectan las cifras de probabilidades de riesgo, aunque  reconocen haber considerado erróneamente datos parciales de la explosión atómica de Hiroshima y Negasaky.
“En un cálculo matemático, todo error que pueda filtrarse, lo hará. Y será en el sentido que más daño haga en el cálculo”, dice la ley de Murphy; peor aún, “cualquier cálculo dado, la cifra que obviamente es la correcta, será la raíz del error”; o bien, “la probabilidad de omisión de un valor en un diagrama, es directamente proporcional a su importancia”. Axiomas que aplican de manera indecente los barones nucleares, adulterando los verdaderos datos.
Por un momento, al escribir el libro En
la Patagonia NO, que tenía por destinatarios principales a alumnos y jóvenes militante antinucleares de Chubut, a quienes brindamos incontables cursos, había decidido enumerar los accidentes e incidentes más importantes de la energía nuclear y omitir detallar  -deliberadamente- el caso Chernobyl; cerrar el listado con un lacónico “...y también Chernobyl”. El objetivo consistía en la velada alusión de que no se necesita hablar de tamaña tragedia para reprobar la proliferación de daños irreversibles ocasionados por la industria nuclear. Pero zumbaban en mi cabeza los siete millones de damnificados, entre ellos cientos de miles de muertos y discapacitados, y el 40% de la superficie de la vieja Europa cubierta de radionucleidos. Menos mal que la nube radiactiva quedó registrada en imágenes satelitales, si no también lo hubieran negado, de modo que le dedicamos un capítulo en el libro en cuestión (la foto satelital ilustra aquel texto).
Es difícil coincidir con los señores del átomo. No hace mucho, funcionarios de
la cnea recorrían algunas radios de Trelew desinformando con su recurrente estilo, que los muertos de Chernobyl no llegaban a una docena. Algunos se animaron a sugerir que la hecatombe ucraniana produjo treintaicinco víctimas.
¿Habrá alguna manera de llevar a esta gente a proceso?
Al empeñarse en explotar las cuencas uraníferas retornan con la consabida limpieza de una industria que impacta negativamente en el medio desde su origen extractivo hasta la gestión final de los residuos radiactivos. Al día de hoy no existe repositorio de residuos de alta actividad en el mundo. El primero tuvo a la provincia argentina de Chubut como destino y fue evitado por la constancia de algunos de nosotros (acicateando a la voluntad popular), y es que sobre el propio cuerpo graficamos aquella historia. 
Para los funcionarios de
la cnea, los muertos de esta industria se hallan dentro de los parámetros que fija el progreso. Se resumen, como dijimos, en la fórmula costo-beneficio. Para nosotros, en cambio, esa ecuación, aplicada en tales términos, justifica el genocidio.
El fraude de mayor aberración cometido por
la CNEA se descubre durante la discusión con el Consejo Superior de Geología de la Nación
(N°xxxxPágina 43/44, En la Patagonia NO,
www.machpatagonia.com.ar) acerca de la conveniencia o no de empezar la construcción del repositorio de Gastre.
La CNEA había concluido la pre-factibilidad de manera favorable y la elevó para su firma al Poder Ejecutivo Nacional (gobernaba Raúl Alfonsín).
Según exige
la OIEA, la instalación de semejante repositorio, requiere tres premisas fundamentales:
a) Estabilidad geológica del lugar elegido, en un orden entre cien mil y un millón de años 
b) La roca granítica debe ser la adecuada y
c) Estudios multidisplinarios que certifiquen la seguridad requerida.
Las jornadas organizadas por el Consejo Superior Profesional de Geología del país produjeron definiciones memorables y un documento escalofriante luego de discutir con las propias autoridades de
la cnea sobre la estabilidad del lugar: “La zona no es geológicamente estable pues existen evidencias de neotectónica, habiéndose registrado movimientos y erupciones volcánicas en el cuaternario”. Y la estabilidad que requiere el repositorio es del orden de “105 a 106 años”. Esto es, entre cien mil y un millón de años. Y aún cumpliendo este requisito sólo permitiría asegurar que si no hubo movimientos telúricos en el pasado, tal vez, en una de esas, a lo mejor, no los habría en el futuro. 
En nuestros primeros debates con
la cnea (Canal 3 de Trelew, Canal Abierto) nos afirmaban que trabajaron todos los técnicos, de manera multidisciplinaria, concordando que el lugar elegido cumplía con las exigencias internacionales en la materia, en especial los estudios de hidrogeología.
La declaración del Consejo Superior Profesional de Geología dejó perpleja también a la comunidad internacional: “Los estudios sobre la circulación del agua en las profundidades del macizo no se habían hecho y tampoco habían participado especialistas en hidrogeología”. Diez años después de estas declaraciones todavía  pretendían, mediante tecnología adecuada, crear un sistema para medir el movimiento de los acuíferos, es decir, la circulación del agua en las profundidades de la roca. La otra denuncia capital de la asociación de geólogos consistió en que el granito estudiado no fue el de Sierra del Medio, en Gastre,  sino el de Suecia, país que también estudia utilizar granito para aislar los radionucleidos de su postergado repositorio nuclear. La humillación iba en aumento.
Asombrados mirábamos a los técnicos de
la CNEA que frente a las cámaras de televisión debatían con nosotros y nos hablaban de las cualidades del granito estudiado mostrando un rollizo como muestra testigo. Pero los datos eran de un granito de Suecia y claro, nosotros lo ignorábamos.
Estas tres conclusiones, entre otras, de la entidad más relevante que une a los profesionales de geología del país, nos enfrentaba con la vergonzosa e inescrupulosa conducta de los técnicos de
la Comisión
, para quienes había finalizado “con éxito” el proyecto de prefactibilidad y el presidente Alfonsín ya lo tenía en su escritorio para su firma.
De modo que aquellos que nos tildaban de hacer fraude en la información habría que aplicarles el castigo que nos endosaban.
¿Para quienes cabe realmente la aplicación de la legislación penal? ¿Acaso no hemos sido  timados, estafados, engaños por doctos profesionales, físicos,  especialistas en geología y en investigación nuclear? No es nada casual, se repitió hace poco con glaciólogos, a propósito de esbozar la ley de presupuestos mínimos de protección de glaciares y área periglacial.

A partir de 1986, los estudiantes patagónicos, en especial los de la provincia de Chubut, contaban con una herramienta para debatir si o no a la energía nucleoeléctrica a propósito del repositorio nuclear que la CNEA pensaba construir en Gastre. Investigamos cada uno de los ítems y publicamos “Las 40 razones” a página completa en todos los diarios locales. El movimiento antinuclear recibió un amplio apoyo de los medios de difusión, y en caso de que alguno fuera oponente, resultaba difícil que se negara a recoger nuestra opinión. Aquellas 40 razones hoy se convierten en 66 puntos, cada uno de los cuales permite debatir horas en torno a la cuestión nuclear y más de uno de esos puntos dio motivo a copiosa bibliografía. Son estos:

              1. La energía nuclear “no es barata”, es cara. Cuesta más la gestión de los residuos radiactivos que la energía misma (CEA-USA).

2. La energía nuclear “no es limpia”, es sucia e insegura. Miles de toneladas de residuos radiactivos no tienen destino. A la fecha, no existe repositorio de desechos radiactivos de alta actividad en el mundo. Algunos países, después de 66 años aún discuten su gestión definitiva. La Patagonia y el mundo los rechazaron. Los de corta y media actividad los arrojan aún al océano.

3.      La vida útil de las plantas nucleares es de 30 a 40 años. Luego se las decomisa, desarmando el reactor, enterrando sus partes, sellándola herméticamente y custodiándolas de por vida. De hecho se convierten en cementerios nucleares.

4.      Los residuos deben enfriarse por unos 30 a 40 años en piscinas ubicadas en la propia planta. Al cabo, pueden reprocesarse los desechos radiactivos para obtener lo que queda de uranio y plutonio, pero deja muchos más residuos radiactivos, una escoria mortal, aún sin destino final.

5-     Reprocesar residuos radiactivos  provoca el impacto tóxico más despreciable conocido por el hombre, denominado “licor de brujas” por los propios barones nucleares. (Ref. Licor de Brujas, En la Patagonia No, Ed. Lemú, y www.machpatagonia.com.ar)

6-     Solo dos países reprocesan comercialmente. El resto se abstiene. Uno de ellos, Inglaterra, reprocesa en Windscale arrojando los residuos líquidos  “al Solway Firth a través de tuberías gemelas que los descargan bajo el agua más de tres kilómetros, mar adentro, a un ritmo de 500.000 litros por día”. (Walter C. Patterson, La energía nuclear (Nuclear Power, ediciones Orbis, Hispamérica). Por ahí se va el licor de brujas.  En tanto, “Estados Unidos ha demorado el desarrollo de plantas comerciales de reprocesamiento de material fisionable por dificultades técnicas, altos costos de construcción y operación, y abastos adecuados de uranio en el país” (G.T. Miller Jr. Ecología y Medio Ambiente).

7-     Han venido arrojando al mar tambores con residuos radiactivos, de corta y media actividad (autorización internacional de la OIEA para desprenderse del desecho),  garantizando la hermeticidad de los contendores por no menos de doscientos años. Muchos ya están abiertos, algunos de ellos se abrieron antes de los diez años, filmados por la televisión europea. No se castigó a responsables.

8-     El primer mundo no tiene respuesta. No existe aún repositorio nuclear definitivo de desechos radiactivos. Inglaterra, Francia, Estados Unidos, Rusia, poseen miles de toneladas de escoria radiactiva y la mayoría  no decidió su destino final. Los que construyeron fracasaron (Caso Wash 1520, pozo Z 9 de Hanford, Estado de Washington. CEA-USA, “como un volcán a punto de erupción”. Fracaso de un repositorio nuclear de la mayor potencia atómica del mundo).

9-     Para el año 2000, Estados Unidos debía aislar del medio ambiente cientos de miles de toneladas radiactivas en sepulcros concebidos para 56.000 a 2.000.000 de años de hermeticidad. Pasó otra década y aún lo está estudiando.

10- No solo preocupan los 250.000 años de vida activa del plutonio. Expuestos al estroncio 90 ó  al cesio 137, con sus 30 años de vida media, son suficientes para producir el caso Goiania; el yodo 131 es uno de los radionucleidos involucrados en las pruebas nucleares atmosféricas, desde  1945. Se encuentra entre los radionucleidos de larga vida que han producido y continuarán produciendo aumento del riesgo de cáncer durante décadas y los siglos venideros. El yodo 131 aumenta el riesgo de cáncer y posiblemente otras enfermedades de tiroides. El yodo-129 (con un periodo de semi desintegración de unos 16 millones de años) se puede producir a partir del xenón-129 en la atmósfera terrestre, o también a través del decaimiento del uranio-238.

11- El estroncio 90 y el cesio 137 son tan letales como el equivalente a 1.000 bombas atómicas de Hiroshima. Y tal generación, tal poder, es lo producido durante un año por una planta nucleoeléctrica de 1.000 megavatios.

12- La radiactividad es una energía sutil. Sin humo, sin olores, incolora, sin sentido alguno que la pueda captar. Si una millonésima parte de un gramo de plutonio penetra en nuestro cuerpo ocasionará cáncer. El cesio 137, del tamaño de un botón, envuelto en una carcasa hermética de acero y plomo, puede ser detectado a 150 metros.

13- La radiactividad  es acumulativa. Si una ínfima partícula está en el pasto, la leche o la carne, llega al hombre a través de toda la cadena trófica, alterando las células de información genética, y de éste a su descendencia.

14- Igualmente si un radioisótopo toca el agua tendremos al pez grande comiéndose al chico con efecto multiplicador a lo largo de la cadena. El último de los eslabones suma la de todos los demás.

15-  Es tan sutil que investigadas 12 centrales nucleoeléctricas de EE.UU. por el Dr. E. Sternglass permitieron confirmar que “cualquier niño que nazca dentro de la región de 50 millas de una planta nuclear pacífica, tiene una posibilidad menos de lo normal de poder existir un año. (Estadística de 1972 confirmadas por la CEA Norteamericana: Drs. Arthur Tamplin y John Gofman. El Comité de Estadísticas Vitales de los EE.UU han ratificado el número anormal de muertes de infantes cerca de las 12 plantas investigadas).

16- En algunos países anularon concesiones para nuevas construcciones nucleoeléctricas.

17- En algunos países es obligación consultar por voto popular para instalar centrales nucleares.

18- En algunos países se paralizaron proyectos de reprocesado de combustible nuclear.

19- En algunos países el pueblo decidió rechazar centrales nucleares y cualquier instalación nuclear relevante. Por votación popular y/o de sus parlamentos, las deberán  desmantelar paralizando su actividad y gestionando los residuos.

20- En algunos países se estudian energías alternativas. Se invierte fuertemente en eólica, solar, mareomotriz, hidroeléctricas de paso, geotérmicas, biomasa y otras. Se estudia desarrollar la energía de fusión, prevista para antes de mediados de siglo.

21-  Washington, Nevada y Texas fueron los tres estados norteamericanos preseleccionados para construir un eventual basurero nuclear. Los tres estados se opusieron movilizando a su pueblo

22- En la República Argentina son cada vez más los municipios declarados NO NUCLEARES. Algunas provincias cuentan con legislación no nuclear.

23- En este país son varias las provincias que legislaron contra la instalación de plantas nucleares y/o repositorios nucleares y/o tránsito de residuos nucleares.

24- La Constitución de la Provincia del Chubut, sancionada el 11 de octubre de 1994, es terminante: “Quedan prohibidos en la provincia la introducción, el transporte y el depósito de residuos de origen extraprovincial, radiactivos, tóxicos, peligrosos o susceptibles de serlo.”

25-  Las movilizaciones de 1986/96 produjeron las leyes patagónicas que impidieron la instalación del repositorio nuclear en Chubut al obligar a la Nación (Poder Ejecutivo) a consultar a las provincias (ley 24804); Chubut prevé en su carta magna el rechazo a instalaciones nucleares.

26- La ley nacional conseguida por los patagónicos dice: “Todo nuevo emplazamiento de una instalación nuclear relevante deberá contar con la licencia de construcción que autorice su localización, otorgada por la Autoridad Regulatoria Nuclear con la aprobación del estado provincial donde se proyecte instalar el mismo.  (Ley nacional 24804, artículo 11).

27- Otro logro había sido la constituyente de 2004 que había modificado el art. 41 de la Constitución Nacional, al prohibir el ingreso de residuos radiactivos al país.

28-  Los ciudadanos de cualquier provincia argentina, donde se pretenda ubicar una instalación nuclear relevante pueden recurrir a la ley 24804, artículos 11 y 12, (decisión de las provincias) y exigir que se respete la instancia participativa del pueblo de acuerdo con lo establecido en los artículos 19, 20 y 21 de la ley 25.675, Ley General del Ambiente; esto es, “artículo 19: Toda persona tiene derecho a ser consultada y a opinar en procedimientos administrativos que se relacionen con la preservación y protección del ambiente, que sean de incidencia general o particular, y de alcance general. Artículo 20: Las autoridades deberán institucionalizar procedimientos de consultas o audiencias públicas como instancias obligatorias para la autorización de aquellas actividades que puedan generar efectos negativos y significativos sobre el ambiente.

29-  El artículo 12 de la ley nacional 24804 permite discutir cualquier actividad nuclear relevante en la provincia designada porque generalmente esa actividad produce desechos radiactivos depositados en el sitio (y no temporariamente, como las colas que contienen el decaimiento del uranio 238); el uranio tiene una vida superior a los 700 millones de años. El artículo 12 dice: “Para definir la ubicación de un repositorio para residuos de alta, media y baja actividad, la Comisión Nacional de Energía Atómica propondrá un lugar de emplazamiento. Este deberá contar con la aprobación de la Autoridad Regulatoria Nuclear en lo referente a seguridad radiológica y nuclear y la aprobación por ley del estado provincial donde se ha propuesto la localización. Tales requisitos son previos y esenciales a cualquier trámite”. (la negrita y bastardilla es nuestra).

30- Debemos exigir que se respeten las leyes sobre remediación de minas de uranio. En algunos países minas a cielo abierto fueron clausuradas. Partículas de gas radón, que es radioactivo, se generan en las minas de uranio y con un viento de 16 kilómetros por hora recorren más de 1.000 kilómetros, antes de que decaigan a la mitad su cantidad original. Estas partículas son cancerígenas.

31- La Verne Usen que dirige el Servicio de Salud Pública de Shiprock, Nuevo Méjico, reportó  en 1980 un incremento del 85% de cáncer de pulmón. Confirmaron que 60 de las 70 personas con diagnostico de cáncer de pulmón eran mineros del uranio.

32-  El Centro Nacional de Estadísticas de la Salud de Estados Unidos  concluyó que “el número de defectos en bebes que habitan en zonas próximas a minas de uranio que son explotadas en Utah, Nuevo Méjico, Colorado y Arizona es de 10 a 150 % mas que el promedio nacional en el resto del país.

33- Dentro de la colectividad de indios navajos no existía el cáncer, pero todos los que fueron mineros del uranio lo padecieron. Circunstancia que escandalizó a la comunidad científica de EE.UU.

34- En 1972 el Congreso de los Estados Unidos autorizó una importante partida de dinero para remediar las minas de uranio que quedaron abandonadas. En Gran Junction, Colorado, el aumento de niños nacidos con el paladar agrietado o partido se relacionaba con la contaminación radiactiva del lugar. En 1978 el mismo Congreso multiplicó por diez los fondos para la remoción de las colas de la molienda. Para entonces el Departamento de Energía de Estados Unidos había identificado 22 lugares nuevos contaminados con radiación que requerían urgente respuesta. En Argentina llevamos décadas esperando remediación.

35-  En Argentina existe el PRAMU, Proyecto de Restitución Ambiental de la Minería del Uranio, que hasta el día de hoy no se puso en práctica. En una parte del texto,  la propia Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) afirma que “Las colas contienen además metales pesados que están presentes en el mineral (por ejemplo, Pb, V, Cu, Zn, Cr), y otros compuestos adicionados durante el proceso, tales  como amonio, nitrato, solventes, etc. Así, si no se toman previsiones las colas pueden ser una fuente de contaminación ambiental a largo plazo…
El 70% de la radiactividad original del mineral permanece en las colas. Las colas contienen casi toda la actividad proveniente del decaimiento del uranio 238: torio 230 y radio 226, el que a su vez decae produciendo el radón 222. El torio 230 es una fuente de producción de radiactividad a largo plazo. Estos isótopos son cancerígenos…”

36-  En el PRAMU la propia CNEA advierte que en la colas de la minería de uranio “existen cuatro formas diferentes por las cuales puede producirse contaminación al ambiente: (i) La propagación directa del gas radón a recintos cerrados, en caso de que se utilicen los residuos como materiales de construcción o de relleno alrededor de edificios. (ii) La posible propagación del gas radón desde las colas de mineral a la atmósfera, de donde podría ser inhalado. (iii) Algunos de los productos radiactivos en las colas pueden producir radiación gamma.  (iv) La dispersión de las colas mediante el viento o el agua, o por disolución puede trasladar partículas radiactividad y otros compuestos tóxicos a capas de agua superficiales o subterráneas que constituyen fuentes de aguas  potable, a los suelos, a la cadena trófica y a los alimentos.”

37-  Dice la CNEA en el PRAMU que “El panorama que se brindó, aunque de manera genérica, permite advertir que, de no tomarse medidas, los lugares (donde se hice explotación uranífera) podrían ser afectados de distinta forma. Así, se podrían presentar distintas combinaciones de efectos donde resulten, por ejemplo limitaciones al uso del suelo y del agua, impedimentos para el desarrollo de determinadas actividades, aumentar el índice de probabilidad de contraer cáncer e intranquilidad social debida a la percepción que el público posee del problema, afectación de la diversidad biológica e incapacidad de asegurar a las generaciones futuras el máximo aprovechamiento de los recursos naturales.”(usamos  negrita y bastardilla para destacar el concepto).

38-  En el PRAMU la propia CNEA expresa que en algún lugar hay que poner los residuos y que “Para definir la ubicación de un repositorio para residuos de alta, media y baja actividad, la CNEA propondrá un lugar de emplazamiento. Este deberá contar con la aprobación de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) en lo referente a seguridad radiológica nuclear y la aprobación por ley del Estado provincial donde se ha propuesto la localización. Tales requisitos son previos y esenciales a cualquier trámite” (art.14). Y esto debe ser utilizado por las asambleas de los movimientos sociales locales.

39-  Hay que destacar que desde los comienzos nucleares en el país, casi seis décadas con colas de uranio abandonadas, no se llevó a cabo remediación alguna (recordar el caso -1972- de los fondos de remediación del Congreso norteamericano). Por tal motivo es urgente exigir estudios epidemiológicos en las áreas afectadas por la actividad minera del uranio.

40-  Lugares altamente afectados en el país: Malargüe (Pcia. de Mendoza), Huemul – Sierra Pintada (Pcia. de Mendoza), Córdoba (Pcia. de Córdoba), Los Gigantes (Pcia. de Córdoba), Pichiñán - Los Adobes- Cerro Cóndor (Pcia. del Chubut)• Tonco (Pcia. de Salta),  La Estela (Pcia. de San Luis), Los Colorados (Pcia. de La Rioja).

41-  Exigir estudios epidemiológicos y efectuar investigación sobre los socavones abandonas de La Higuerita (Tinogasta-Catamarca) donde los obreros sacaban el uranio en las mochilas, casi en cuclillas. Los testimonios de los pobladores son relevantes.

42-  No existe central nuclear que no haya emitido radiación al exterior.

43-  Plantas nucleoeléctricas argentinas que afectan sitios densamente poblados y cuya vida útil ha caducado: Embalse Rio Tercero (Córdoba) y Atucha - Zárate Brazo Largo (Pcia. de Bs. As.). Denunciamos la permanencia de las centrales; son obsoletas, deben ser decomisadas. La plata se haya más veces detenida que en funciones. En octubre de 1983 un informe del CALIN, Consejo Asesor para el licenciamiento de instalaciones nucleares de la Comisión Nacional de Energía Atómica, (suerte de ARN de entonces), produjo el siguiente informe de Atucha: “Deterioro progresivo de la instalación, postergación de trabajos de mantenimiento,  dificultades operativas del sistema de detección de fallas, fisuras existentes en las paredes, imposibilidad de garantizar adecuadamente la confiabilidad requerida, computadora fuera de servicio por dificultades de mantenimiento, falta de herramientas y equipos que repercute en las dosis radioactivas que recibe el personal, accidentes que han provocado un aumento importante en las dosis radiactivas que recibe el personal.”

44-  La CNEA reconoció sólo dos serios accidentes: “En septiembre de 1983, un operador del reactor RA-2 experimental en Constituyentes murió después de una exposición a la radiactividad. La CNEA recién reveló la investigación en 1986, desdibujando la verdad y minimizando el hecho. El otro caso fue en octubre de 1984 cuando un técnico de Pichileufú murió a causa de una explosión. La CNEA atribuyó la muerte a faltas al observar las medidas de  seguridad.

45-  INVAP (Investigaciones Aplicadas) vendió un reactor a Australia con el compromiso de recibir los residuos que genere en el país comprador. El artículo 41 de la Constitución Argentina prohíbe la importación de residuos radiactivos, pero la complicidad de las partes aseguró que era “combustible nuclear gastado”. La Corte Suprema de Justicia de la Nación creyó la falacia. y la convalidó.

46-  Incidentes nucleares significativos, llamados “accidentes” radiactivos históricos: a) 1957 (KASLI) oeste de los montes Urales. Contaminación de hasta 600 kms. cuadrados y la evacuación de 30 aldeas. b) 1957-Windcascale Pile, Irlanda, incendio de un reactor que liberó plutonio y yodo radiactivos contaminando 500 kms2 y destruyó 5,6 millones de litro de leche de tambos de la zona. En 1983 se registraron 200 casos de cáncer en la tiroides, sobre todo en niños. c) 1963, Indian Point (USA) un escape radiactivo eliminó la fauna local y producciones agrícolas. d) 1971, Monticello, Minnesota, USA, Más de 190.000 litros de agua radiactiva desbordaron del depósito de desechos de rfactor y se volcaron en el río Missisippi. Fue tragedia. e) Harrisburg, Pensilvania, USA, fuga de vapor radiactivo de la planta Three Mille Island, nube que de inmediato cubrió 30 kms2. Se evacuaron millones de personas. Fue el desastre nuclear más grande antes de Chernobyl y fue ocultada su magnitud. f) Siete años más tarde hubo un caso semejante en Rusia. g) 1979 Erwin, Tenesse, USA, escape de uranio radiactivo contaminó a mil personas. h) Japón, Planta de Tsuruga, 45 trabajadores afectados y la contaminación de la bahía pesquera. i) Gore, Oklahoma, USA, estallido de cilindro de material nuclear  en la planta Kerr McGee. j) CHERNOBYL, 1986, Ucrania, fusión completa del núcleo del reactor. Un caso para estudiar especialmente. k) 1993, Nube radiactiva en Tomsk-7 Siberia. l) 1995, escape descontrolado en el generador experimental de Monju, Japón.  ll) 1996, escape grave en la central de Racht, norte de Irán. m) 1997 Japón, explosión e incendio en la planta de Tokaimura. Es un caso especial para describir debido al impacto social que produjo. (Nos hemos referido hasta aquí a diversos casos de impactos radiactivos, por distintas circunstancia, por la variedad de las causas fundamentalmente. Hay centenares de fugas  radiactivas y accidentes severos en los reactores con alto costo de vidas humanas, fauna, flora y biodiversidad por impactos en la cadena trófica, que sería tedioso incluir aquí.

47-  Cientos de circunstancias de emisiones radiactivas por la actividad humana nuclear merecen destacarse: aviones que se estrellaron transportando  material radiactivo, aviones a los que se le desprendieron accidentalmente bombas atómicas, caso Palomares y otros, transportes terrestres y marítimos que volcaron elementos radiactivos, diez mil personas  afectadas por radiación debido a la primera explosión atómica de la Unión Soviética, en Semipalatinks, Kazajistán; accidente en planta de reprocesamiento, en la fábrica de plutonio de Sellafield (G.Bretaña), clasificado en el nivel 5 de la escala de desastres nucleares, que puntúa sobre un máximo de 7. Millones de personas expuestas a radiación en la etapa empírica de la actividad nuclear, etc. Industrias, insumos y humanos contaminados por precipitaciones radiactivas años después de la liberación de la  energía nuclear en el lugar. Islas del Pacífico inhabitables por la experimentación de explosiones nucleares, etc.

 

48- Uranio: El uranio es un metal radiactivo que en estado natural contiene tres tipos de isótopos: uranio238, uranio, 235 y uranio 234.  El 0,7% es uranio235, precisamente el fisionable, el que se usa como combustible en los reactores para producir calor mediante la reacción en cadena (Es 235 porque se  suman 143 neutrones más 92 protones que hay en su núcleo). El resto del uranio es 238 el que más abunda (99,284% de cada gramo de uranio); uranio238, número que proviene de  146 neutrones sumados a 92 protones.
Es decir, ambos tienen el mismo número de protones pero difieren del de neutrones. Por eso son isótopos, porque los núcleos con igual número de protones pero distinto número de neutrones se los denomina isótopos.
La inestabilidad del uranio 235 cuando se le bombardea con un neutrón es lo que produce la reacción en cadena.

49- Radiación: Energía que se propaga en forma de ondas o partículas. Los tipos de radiación más comunes son el calor, la luz, las ondas radioeléctricas y las microondas. La radiación ionizante es una forma muy energética de radiación electromagnética. Son radiaciones ionizantes los Rayos X, Rayos γ, Partículas α y parte del espectro de la radiación UV entre otros. Por otro lado, radiaciones como los Rayos UV y las ondas de radio, TV o de telefonía móvil, son algunos ejemplos de radiaciones no ionizantes. Una radiación ionizante es cualquier radiación capaz de desplazar electrones de los átomos del material que atraviesa, produciendo iones de esa manera. Las dosis altas de radiación ionizante pueden provocar daños importantes en la piel o en los tejidos.
La exposición a pequeñas cantidades de radiación durante un largo período de tiempo, aumenta el riesgo de cáncer. También puede causar mutaciones en los genes, que podrían transmitirse a cualquier niño que sea concebido después de la exposición. Mucha radiación por un corto período de tiempo puede causar quemaduras o enfermedades por radiación. Los síntomas de la enfermedad por radiación incluyen náusea, debilidad, caída del cabello, quemaduras en la piel y disminución de la función de algunos órganos. Si la exposición es lo suficientemente grande, puede causar envejecimiento prematuro o inclusive la muerte. La persona se ve obligada a tomar medicinas para disminuir el material radioactivo en su cuerpo.(EPA-Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos).

50-  Uranio empobrecido: es un subproducto del proceso de enriquecimiento del uranio  (aumento de la concentración de U-235, el isótopo fisible) en la industria de la energía nuclear, por el cual se extrae prácticamente todo el isótopo radiactivo U-234 y alrededor de dos tercios del U-235. Por consiguiente, el uranio empobrecido está compuesto casi en su totalidad por U-238 y su radiactividad es aproximadamente el 60% de la del uranio  natural. El uranio empobrecido también puede contener trazas de otros isótopos radiactivos introducidas durante su procesamiento

51-  Uranio enriquecido: es el proceso al que es sometido el uranio natural para obtener el isótopo de U235. El contenido porcentual de U 235 en el uranio natural se incrementa a través de un proceso de separación de isótopos. El uranio natural se compone principalmente del isótopos U238, con una proporción en peso de alrededor del 0,7 % de U235, el único isótopo en cantidad apreciable existente en la naturaleza que es fisionable en los reactores.

52-  Daños I: “El daño que produce la radiación depende de la actividad y energía de la misma, de la duración de la exposición, del área del cuerpo afectada y de si la fuente está dentro o fuera del cuerpo. Fuera del cuerpo, los rayos gamma son particularmente dañinos, porque penetran los tejidos humanos con gran eficiencia como lo hacen los rayos X. En consecuencia, el daño que causan no está limitado a la piel. En cambio, la piel detiene casi todos los rayos alfa, y los rayos beta solo consiguen penetrar aproximadamente 1 cm. más halla de la superficie de la piel. Por lo tanto, ni uno ni otro son tan peligrosos como los rayos gamma a menos que la fuente de radiación entre de alguna manera en el cuerpo. Dentro del organismo, los rayos alfa son particularmente peligrosos porque transfieren su energía al tejido circundante e inician daños considerables. En general, los tejidos que muestran mayor daño a consecuencia de la radiación son los que se reproducen con rapidez, como la médula ósea, los tejidos formados de sangre y los nódulos linfáticos. El efecto principal de una exposición prolongada a dosis bajas de radiación es la inducción del cáncer. El cáncer es causado por daños al mecanismo regulador del crecimiento, lo que induce a la célula a reproducirse sin control. La leucemia, que se caracteriza por el crecimiento excesivo de glóbulos blancos de la sangre, es probablemente el principal de cáncer asociado a la radiación.
En vista a los efectos biológicos que nombramos, es importante determinar si algún nivel de radiación no es peligroso para los organismos. Desafortunadamente, los intentos por fijar normas realistas se han visto obstaculizadas por la falta de comprensión de los efectos de la exposición de larga duración a la radiación. Los científicos que se ocupan de fijar normas sanitarias han aplicado la hipótesis de que los efectos de la radiación son proporcionales a la exposición incluso en dosis bajas. Se supone que cualquier cantidad de radiación causa cierto riesgo de lesión y los efectos de las dosis altas se extrapolan a las más bajas. En cambio, otros científicos que consideran que existe un umbral bajo el cual la radiación representa un riesgo. Hasta que las pruebas científicas permitan definir la cuestión con cierta confianza, es más seguro suponer que incluso los niveles bajos de radiación plantean ciertos riesgos.
La irradiación de zonas concretas del cuerpo (radiaciones accidentales) produce daños locales en los tejidos. Se lesionan los vasos sanguíneos de las zonas expuestas alterando las funciones de los órganos. Cantidades más elevadas, desembocan en necrosis (zonas de tejido muerto) y gangrena. Las consecuencias menos graves de una radiación ionizante se manifiestan en muchos órganos, en concreto en la médula ósea, riñones, pulmones y el cristalino de los ojos, debido al deterioro de los vasos sanguíneos. Como consecuencias secundarias aparecen cambios degenerativos y funciones alteradas. No obstante, el efecto retardado más importante comparándolo con personas no irradiadas, es el aumento de la incidencia de casos de cáncer y leucemia. El aumento estadístico de leucemia y cáncer de tiroides, pulmón y mama, es significativo en poblaciones expuestas a cantidades de radiación relativamente altas (más de 1 Gy). En animales de experimentación se ha observado una reducción del tiempo de vida, aún no se ha demostrado en seres humanos.”(XXX El informe al que hicimos referencia en el punto 52, pertenece a especialistas que presentaron “tres pasos hacia un mundo libre de armas nucleares y de emisiones de radiación ionizante”: Rose Gottemoeller, James Goodby, Harold Smith, Sharon Squassoni, Cristina Hansell).

53- Daño II. Síntesis del impacto de una mina de uranio a cielo abierto: “Cuanto más diseminado está el mineral, menor baja ley mineral ofrece y para extraerlo hay que volar montañas, mesetas y suelos en general, en grandes extensiones. Cuanto más baja ley, mayor el volumen de agua utilizada, mayo cantidad de ácido sulfúrico y compuestos químicos, mayor cantidad de energía para funcionar la planta, más desertización y daño paisajístico y, por supuesto, a más baja ley mayor cantidad de explosivos y voladuras. Las piedras se muelen según convengan y se aplica un sistema de lixiviación  a base de compuestos químicos  para atrapar los minerales requeridos. Lixiviar es como regar el jardín de nuestras casas pero en este  caso con una gran cantidad de solución de agua y ácido sulfúrico. De modo que tenemos dos gravísimas consecuencias: las voladuras y el polvillo en suspensión (que en este caso contiene gran cantidad de uranio principalmente, y no cobre u oro como ocurre en otras explotaciones igualmente dañinas), la movilización de metales pesados que acompañan al uranio (plomo, mercurio, etc. los que hubiere en el área), y que terminarán buena parte de ellos en los acuíferos de la zona.  A continuación se separa la parte sólida de la líquida para obtener el concentrado de uranio. En esta operación se abandonan peligrosos residuos, que son motivo de la discusión mundial, y en poblaciones próximas a estas minas. Por tonelada de iranio se generan 3.700 litros de residuos líquidos y cien veces el peso del material obtenido en residuos de radio. Entre esos residuos sólidos se hallan  las denominadas colas que contienen abundante uranio, radio 226, radón 222, y además pueden incorporarse cromo vanadio, molibdeno, cobre, níquel, cobalto, hierro y distintos compuestos químicos como ácido sulfúrico, isodecanol, carbonato más hidróxido de sodio, bióxido de manganeso, etc. Lo que se dice una verdadera sopa química y radiactiva, verdadero cóctel amenazante para el ecosistema vigente en el lugar. Los compuestos radiactivos poseen una vida media, según sean, de días o hasta diez mil y cien mil años. Un isótopo del uranio, el radio 226 perdura  por 1.600 años. Los contaminantes debidos a la explotación minera se componen de gases, partículas en suspensión, residuos sólidos con diferente emisión de radiación, efluentes varios y metales pesados. Los efectos ambientales de la explotación y procesos posteriores incluyen: contaminación de aguas superficiales y subterráneas con químicos y material radiactivo, drenaje de metales pesados de las escombreras y pilas de colas, drenajes ácidos de mina (DAM), drenajes ácidos de roca (DAR), químicos producto de la lixiviación, impacto en el ecosistema silvestre, terrestre y acuático, peligro para la salud humana provocado por fuentes de agua contaminadas, gas radón, polvillo radiactivo, etc. y alteración del paisaje  entre otros daños secundarios como los ruidos y vibraciones generados por las explosiones y labores mineras. En las colas, insistimos, habrá buen volumen del decaimiento del uranio 238: torio, radio, protactinio, plomo, polonio, etc. destacándose la emisión de las tres formas radiactivas: alfa, beta y gamma (Dosier completo: “En La Patagonia No”, pág. 225, ediciones  Lemu, www.machpatagonia.com.ar).

54- Daños III: La radiactividad hace daño de múltiples formas, depende del organismo en el que impacta como de la dosis recibida. Desde asma y alergias, pasando por abortos espontáneos, deteriorando nuestro sistema inmunológico, produciendo leucemias, tumores cancerígenos, muerte en la infancia, deformación en los fetos, retardación física y mental en niños. Una dosis de 400 rems mataría a cualquier persona en el término de dos semanas, pero dosis más bajas son también peligrosas, en opinión del Dr. John Gofman , que trabajó en  la Comisión de Energía Atómica de USA (CEA), descubridor del uranio 233, autor del libro Radiación y Salud Humana,  un texto ejemplar que permite entender la forma en que la radiactividad produce cáncer, leucemia y deformaciones de todo tipo, también trabajó sobre la estimación de la disminución del tiempo de vida  y evalúa las consecuencias genéticas para las generaciones futuras, debido a la radiación a la que actualmente nos exponemos: “por ejemplo –dice-  las mutaciones,  cuando un gen es cambiado estructuralmente, un niño formado “con un huevo” o célula de esperma mutada, puede resultar en un ser enfermizo o nacer con malformaciones y trasmitir dichas mutaciones a sus hijos”, Desde el momento en que “la radiación penetra en nuestro cuerpo -continúa Gofman- y choca con un gen regulador dentro de la célula y lo daña químicamente, provoca que éste transmita una información inadecuada: la célula dañada en vez de dividirse en dos células nuevas,  se descontrola y produce millones  de otras células igualmente dañadas, provocando un tumor canceroso  y esto puede ocurrir entre los cinco y cuarenta años después de la exposición a la radiación”. En otros casos la muerte puede ser inmediata como los repetidos casos de Goiania, Chernobyl y tantos otros. Cita N°xxx John Gofman (1918-2007), doctor en física y química nuclear,  también se recibió de médico en la Universidad de California en San Francisco. Estudió los isótopos nucleares y ayudó a descubrir muchos de ellos como el protactinio 232 y el 233, y el uranio 232 y el 233. Ayudó a resolver la fisionabilidad del uranio 233 y el proceso de separación del plutonio de los productos de fisión.  Fue parte del  liderazgo del Proyecto Manhattan. Con su colega el Dr. Athur R. Tamplin observó los estudios de salud de los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki -a pedido de la CEA norteamericana-, como así también los del Dr. Ernest Sternglass sobre el impacto en la salud de 12 centrales nucleares en actividad en Estados Unidos, cifras y datos alarmantes que publicaron los dos investigadores; por este motivo la CEA  (Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos) despidió a ambos, cancelando sus servicios. Posteriormente escribieron “El poder envenenado”, el caso contra las centrales nucleares antes y después del desastre de Three Mile Island; Gofman es autor de “Radiación y salud humana” (988 páginas, 1981); “Rayos X, efectos en la salud de los exámenes comunes (1985)”. Fue internacionalmente galardonado por sus investigaciones: en 1950 descubre que “el colesterol es transportado por lipoproteínas plasmáticas, abriendo así la conexión entre el colesterol plasmático y la formación de ateromas.”
Los trabajos de Gofman fueron preponderantes para el autor de este libro en su lucha y debates contra el “Repositorio nuclear de desechos radiactivos de alta actividad (1986-2000), Gastre, Chubut. Ref.: www.machpatagonia.com.ar.
   

55- En 1979 la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos informó que virtualmente todo tipo de cáncer a la sangre, pecho, pulmón, sistema digestivo y otro, puede ser iniciado por exposición a la radiación, además  se confirmó una conexión con enfermedades cardíacas, anemias (un desarreglo en las células de la sangre) y cataratas: “Para una mujer  el riesgo es el doble del que corre un hombre y para un lactante, cuarenta veces más”.

56- El promedio de la radiación absorbida por el hombre en el mundo se estimaba (hace 30 años) en 120 milirems al año, ahora habrá que volver a medirla ya que se encontraron serias fallas en la cuantificación anterior. La Comisión Reguladora  Nuclear de los Estadios Unidos (NRC) con la firma de sus responsables, doctores Robert Minogue y Karl Goller, advirtieron  que “cualquier dosis de radiación, por insignificante que esta sea, puede provocar daños en la salud, por ejemplo cáncer, y toda exposición a la radiación tiene un efecto acumulativo en el cuerpo y se suma hasta el último día de nuestras vidas”.

57- “Toda radiación radiactiva es genéticamente indeseable por ínfima que sea y en todos los casos produce mutaciones perniciosas. El daño genético es proporcional a la dosis recibida” (Albert Einstein).

58- Los colectivos ciudadanos se preparan para atacar la contra-información oficial: a) Las comisiones y autoridades de energía atómica suelen adulterar cifras que asombran; sin turbarse, algunos sostienen que el desastre nuclear de  Chernobyl produjo sólo 11 muertes.  Las cifras de O.I.E.A (Organización Internacional de Energía Atómica) contabilizaron 1.800 muertes en Ucrania a poco del desastre, y se sumaron más víctimas de Chernobyl en años sucesivos.

59- b) Salud Pública de Kiev (Ucrania) reconoció que “Chernobyl afectó a 5 millones de personas” cifra que no es definitiva. Sólo en Ucrania, Bielorusia y Rusia hubo siete millones de afectados por la radiación. De ellos, tres millones de niños y once mil casos de tiroides.

60-  c) En el momento del desastre de Chernobyl fueron evacuados 91.000 habitantes (tardíamente). Más de 168.000 se sumaron años siguientes. En 1995 hubo que evacuar a otras 11.000 personas que ya estaban afectadas en poblaciones apartadas de la infausta planta. Permanentemente la gente debe abandonar sus hogares en distancias que se creían invulnerables a la radiación. (OIEA).

61- d) “El Consejo Sueco de Protección Radiológica estimó que el coste del accidente de Chernobyl le significó a Suecia mil millones de coronas de manera inmediata a la hecatombe. Si se sumaran las cifras de todos los países afectados, el resultado indicaría claramente el carácter único  del riesgo económico asociado con la energía nuclear” (Asa Moberg, “La Energía nuclear en crisis”-1986). (Cita al pie N°… La Energía nuclear en crisis, antes y después de Chernobyl. Åsa Moberg, investigadora del Royal Institute of Technology (KTH), Estocolmo; periodista y escritora. Fue en la década de 1970, un afamado perfil de izquierda. Escribió: “Así empezó la década de los 80: Diario de Campaña Popular No a la Energía Nuclear (Prisma, 1980)

62-  La Red Nacional de Acción Ecologista (RENACE Argentina) denunció, el 27 de julio de 2009, que la CNEA pretende una central nuclear sin consulta pública, ocultando los residuos radiactivos sin la debida gestión definitiva, y publicó un documento de catorce puntos.
Los fundamentos:
El desarrollo de la generación nucleoeléctrica produce en todo su ciclo un riesgo  que excede las posibilidades de protección y guarda.  A esto debe agregarse el empecinamiento oficial en prolongar la vida útil de las centrales nucleares de potencia sin consultar a la población circundante expuesta al colapso y desatendiendo la obsolescencia de las instalaciones.  
El Estado, a través de sus distintas administraciones, no ha tratado los residuos radiactivos de sus minas de uranio ni de sus múltiples instalaciones nucleares, y sospechosamente nunca condujo estudios epidemiológicos en sus cercanías. Centro Atómico Constituyentes (escenario del primer accidente nuclear con una víctima fatal y personas contaminadas). Centro Atómico Ezeiza (contaminación con uranio y plutonio). Malargüe, Sierra Pintada, Los Gigantes y otros emplazamientos donde se explotaron minas de uranio (cuyos residuos siguen contaminado el aire, el agua y el suelo). Alta Córdoba (donde se acumulan más de 36.000 toneladas de residuos radiactivos de baja actividad, derivados del uranio, en uno de los barrios más densamente poblados de la ciudad) son sólo algunos ejemplos.  
El Estado, a través de
la Comisión Nacional de Energía Atómica y Nucleoeléctrica Argentina Sociedad Anónima engañan a la población con un cálculo de costos del kilovatio hora que excluye deliberadamente el costo desmesurado de controles, saneamiento, remediación y depósito final por miles de años, que no está en condiciones de  ejecutar.  
Argentina debería plantearse: ¿Energía para qué?  ¿Energía para quién? ¿Se proponen las centrales nucleares como oferta de energía para alimentar un modelo desarrollista que agota los ecosistemas, suministro de bienes para las transnacionales? ¿Necesitamos asumir semejantes riesgos y consecuencias nefastas para alimentar a las corporaciones mineras  extranjeras, las mayores consumidoras de energía del país?   
El documento: Peligro latente en el diseño de Atucha II y en la extensión de las centrales nucleares.
Un estudio de
la Autoridad Regulatoria Nuclear advierte que Atucha II tiene dificultades de diseño en materia de seguridad, ya que no asume la experiencia dejada por el accidente de Chernobyl en 1986. El diseño de la central es anterior al accidente, y nadie se hace cargo de reformar el proyecto. Hacerlo superaría el presupuesto de US$ 700 millones de dólares.  

La ARN es el organismo que controla la actividad nuclear, cuyos dictámenes deberían privilegiar la seguridad, pero el memorando del 11 de abril de 2007 permaneció oculto mucho tiempo. Quienes integran la Autoridad Regulatoria Nuclear proceden de CNEA, con lo cual queda desvirtuada su independencia. De convalidarse la continuidad del proyecto Atucha II sin tener en cuenta ésas y otras advertencias, y la ausencia de un estudio público de impacto ambiental, equivale a poner en riesgo todas las ciudades localizadas alrededor de Lima -incluida Buenos Aires- y la zona centro del país. Llevar adelante una obra diseñada en la década de 1970 que comenzó a construirse en la década de 1980, todo ello sin auditorías externas y sin participación ciudadana, sólo puede ocurrir en una republiqueta sojera como Argentina. No en un país serio.  

Después de tress décadas de construcción interrumpida, la administración Kirchner reflotó la tecnología obsoleta de Atucha II en un lugar donde ya existe un reactor nuclear peligroso por su edad y su pésimo mantenimiento. La voluntad popular y las necesarias consultas públicas han sido reemplazadas por el autoritarismo burocrático del ministro Julio de Vido. Un accidente nuclear grado 7 en la escala INES sería una tragedia ambiental y un colapso para todas las actividades económicas de varias provincias. No obstante, el gobierno se empecina en terminar Atucha II y hasta indaga una tercera central nuclear en ese mismo sitio. Sospechosamente, la mayor oferta eléctrica que creen aumentar con las centrales nucleares solo beneficiaría a los grandes consumidores de corporaciones transnacionales, en especial las mineras. Sin audiencias públicas, con secretos y grandes contratos para empresas constructoras y energía subsidiada que consumirán las corporaciones mineras se construye la peor estafa y el mayor riesgo ambiental que jamás tuvo Argentina.  

En Córdoba, sin ningún tipo de consulta previa y repitiendo metodologías de los gobiernos de facto –al amparo de los cuales surgió el programa nuclear de Argentina- se decidió la extensión de la vida útil de la planta de  Embalse Río Terceo por otros 25 años. Una central insegura y obsoleta provista con reactor Candu de origen canadiense, que ha sufrido accidentes graves, que ha tenido numerosas pérdida de agua pesada, contaminada radiactivamente, y que descarga importantes cantidades de tritio radiactivo al aire y al agua, extenderá ahora sus problemas –pero con mayor riesgo de accidente- por más de dos décadas.
RENACE recordó que conforme al Artículo 11 de
la Ley Nacional 24804/1997, “todo nuevo emplazamiento de una instalación nuclear relevante deberá contar con la autorización de la Autoridad Regulatoria Nuclear y de la provincia donde se ubique la instalación.”   
Las autoridades nucleares ocultan los riesgos para la salud de vivir cerca de instalaciones nucleares y deliberadamente no se hacen estudios epidemiológicos en Argentina. La consigna es: Si alguien está afectado que no se sepa.
La Universidad de Maguncia en Alemania realizó un estudio sobre niños que viven cerca de las plantas nucleares, y demostró con datos estadísticamente significativos que corren mayor riesgo de padecer leucemia. El mayor riesgo se observó dentro de la franja de
5 kilómetros alrededor de las centrales.  
La Agencia Federal de Protección  contra las Radiaciones de Alemania había encargado este trabajo para evaluar la población infantil que vive en las cercanías de 16 centrales nucleares. Los resultados fueron terminantes: los casos observados duplican la media nacional. Para concretar el estudio se analizaron los expedientes médicos del Registro sobre el Cáncer Infantil en Alemania correspondientes al período 1980-2003 y para menores de cinco años de edad. Mientras más cerca crecieron los niños en proximidades de un reactor nuclear, mayor fue el riesgo de que contrajeran leucemia.  
En el año 2003 Joseph Mangano y su equipo de trabajo demostraron para niños menores a 10 años que viven dentro de los
48 kilómetros de distancia de 14 centrales nucleares en el Este de Estados Unidos que la incidencia de cáncer infantil supera en un 12,4% el promedio nacional. Sugirieron que 1 de cada 9 casos de cáncer registrados en niños que viven cerca de las centrales nucleares está ligado a emisiones radiactivas.  
En Alemania y Estados Unidos el debate prosigue pero en Argentina tanto el gobierno Nacional como los gobiernos provinciales miran para otro lado y no hacen estudios epidemiológicos alrededor de Atucha I, Embalse y los numerosos depósitos de residuos radiactivos. En Argentina se aplica la estrategia de oficial: decidir sin medir y sin consultar, y sobre todo, sin informar.   
Cada vez son más los países que abandonan la energía nucleoeléctrica. En Estados Unidos hace más de treinta años que no se pide una nueva licencia para la construcción de estas instalaciones. La decisión -seamos justos- no fue respondiendo a razones ambientales sino a los costos de los estudios previos y la construcción, notablemente más costosos después del accidente de Chernobyl, y por la imposibilidad de dar destino final a los residuos radiactivos. 
En Ezeiza, CNEA desestima negligentemente la contaminación de las aguas subterráneas con uranio e incluso con radioisótopos como el plutonio 239 que tienen su epicentro en el Centro Atómico Ezeiza. CNEA sigue ignorando el riesgo que representa la contaminación por uranio pese a que numerosos estudios, incluidos aquellos realizados por el propio gobierno, confirmaron esa presencia. CNEA sigue ignorando y engañando a la población pues de acuerdo a uno de los sistemas de referencia en materia de radioactividad y salud, BEIR VIII, consideró que no hay ningún valor de radiación ionizante que sea seguro.  
En el año 2005 el gobierno de la provincia de Buenos Aires reconoció en un informe confidencial que de 57 análisis de agua enviados a los Estados Unidos para ser analizados por
la EPA (Agencia de Protección Ambiental) diez muestras excedían el valor de 20 microgramos de uranio por litro, con un valor máximo de 34,5 microgramos por litro. Entre los sitios contaminados con uranio se encuentran, según el informe, la Escuela N° 12 y Jardín de Infantes N° 919 de barrio El Pinar, domicilios particulares de Barrio La Celia en Ezeiza y de Esteban Echeverría, Villa Deportiva Municipal del Sindicato de Empleados de Comercio, Escuela Penitenciaria Federal, y un pozo de agua subterránea del que se abastece Aguas Argentinas en calle Roque Sáenz Peña y Bogado, en Ezeiza.  
Ese informe confidencial firmado por nueve altos funcionarios provinciales dice textualmente: "Si bien estos valores de acuerdo a la bibliografía internacional superan los máximos recomendados, no presuponen una afectación inminente de la salud de la población, aunque con un criterio precautorio se recomienda (...) evaluar la necesidad de provisión de agua segura por medios alternativos a la población en riesgo potencial". 
Lamentablemente no se hizo nada para reducir el riesgo ni para alertar a la población. Mientras tanto, decenas de miles de habitantes beben esas aguas y están expuestos a la radiactividad del uranio y sus derivados, y a sus efectos tóxicos.

Residuos radiactivos y tóxicos en numerosas minas de uranio abandonadas por CNEA-

No es casual que miles de argentinos se levanten contra las tareas de prospección de uranio y su explotación, y se aprueben leyes provinciales que prohíben la minería del uranio.
La Comisión Nacional de Energía Atómica y sus ocasionales socios, como Sánchez Granel Ingeniería Sociedad Anónima, han dejado en distintos lugares del país minas de uranio abandonadas que contaminan el suelo, el aire y las aguas ante la indiferencia de los gobiernos provinciales. Para completar esta imagen absurda e irresponsable el estado nacional utilizará un crédito del Banco Mundial para tratar los residuos de algunas de estas minas (PRAMU), crédito que pagaremos todos los argentinos, sin que CNEA –principal responsable del caos ambiental de sus minas- toque un solo peso de su aberrante presupuesto actual. Abre además el país al ingreso de empresas mineras que buscan y explotan uranio, multiplicando así el impacto ambiental y los riesgos sanitarios.  
Entretanto las minas de uranio siguen contaminado el ambiente con uranio y con las hijas radiactivas del uranio, entre ellas con radio 226, radón 222 (un material radiactivo gaseoso) y plomo 210, entre otros. También descargan los numerosos metales pesados y otras sustancias tóxicas que se fueron acumulando en sus embalses y pilas de mineral. En el arroyo Tigre, aguas abajo de la mina de uranio de Sierra Pintada, cuya reapertura fue abortada por dos acciones de amparo firmes, la propia CNEA halló valores de uranio que superan los 90 microgramos por litro, cuando
la Ley de Minería y la Ley Nacional de Residuos Peligrosos solo permiten para agua de irrigación 10 microgramos por litro. El Tigre desemboca en el río Diamante, principal fuente de agua potable y de riego en San Rafael.    
En febrero de
2009 a la Comisión Nacional de Energía Atómica le fue negada la reapertura de la mina de uranio de Sierra Pintada. La Cámara Federal de Apelaciones de Mendoza confirmó la medida cautelar de no innovar dispuesta por el Juez Federal de Primera Instancia de San Rafael hasta tanto se logre la remediación total de los pasivos ambientales que existen en la mina. Las pioneras acciones de amparo interpuestas por Beatriz Carmona, Gabriel Francisco Arenas y María Graciela Bitar en dos acciones patrocinadas por los abogados de la Multisectorial del Sur lograron torcerle el brazo a una CNEA que no solo sigue contaminando las aguas del arroyo Tigre, sino que pretendía, además, reabrir una mina que no había sido remediada. 
Sierra Pintada, Malargüe y Huemul en Mendoza, Los Gigantes en Córdoba, Pichiñán (Los Adobes) en Chubut, Tonco en Salta,
La Estela en San Luis y Los Colorados en La Rioja siguen sin estar remediadas y siguen contaminando el aire, el suelo y el agua, y afectando con su presencia –y sus contaminantes- actividades económicas genuinas como la producción de vinos o frutas y el turismo.  
En Córdoba la empresa Dioxitek S.A., dedicada a la producción de dióxido de uranio, sigue almacenando más de 36.000 toneladas de residuos radiactivos de baja actividad, uranio y sus derivados, sin membrana y sin control por parte de la provincia y
la Municipalidad de Córdoba. Ubicada en uno de los barrios más densamente poblados de la ciudad, descarga unos 2 kilogramos de uranio por año al aire y unos 100 a 150 kilogramos de uranio a la colectora cloacal, además de sufrir periódicos escapes de amoníaco.

Argentina sigue expuesta a la importación de residuos radiactivos procedentes de Australia y otros países.

Pese a decisiones judiciales favorables, que prohibieron el ingreso de residuos radiactivos procedentes de Australia, el gobierno nacional introdujo el caso en la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Tras la firma de un contrato secreto e ilegal, que le permitió a INVAP construir el reactor Opal en Sydney, y la vigencia de un acuerdo aprobado a contrapelo de la ciudadanía, que legitima el ingreso y tratamiento de residuos radiactivos extranjeros, la Justicia le dijo no a las pretensiones de INVAP y CNEA. Pero estos dos organismos que se mantienen con los impuestos de la gente, pese a los negocios internacionales de INVAP, vuelven a la carga. Quieren convencer a la Corte que los residuos radiactivos procedentes de Australia no son residuos. Pero el Artículo 41 de la Constitución prohíbe su ingreso a la Argentina, y por más disfraces y artimañas que la CNEA e INVAP presenten, ningún residuo radiactivo procedente de otro país ingresará a la Argentina. La RENACE y sus organizaciones miembros harán que la ley se cumpla, y no haya nunca más contratos secretos que comprometan la seguridad y soberanía de los argentinos.  

Se siguen firmando acuerdos internacionales sin consulta pública, que el parlamento nacional no debería aceptar.

Con absoluto desprecio por la opinión pública de sus respectivos países, mayoritariamente contraria a la construcción de Centrales Nucleares, el presidente de Brasil Lula Da Silva y la presidenta de Argentina Cristina Kirchner crearon una empresa binacional destinada al enriquecimiento de Uranio, la producción de radioisótopos y el desarrollo de reactores nucleares. La iniciativa  forma parte de un paquete nuclear conjunto de 61 proyectos en el sector. Todos decididos en secreto, sin consultar a las poblaciones y a la comunidad científica. RENACE le solicita al Parlamento Nacional que no apruebe acuerdos firmados sin el debido debate previo y la plena participación de la ciudadanía y sus representantes. 

Por todo lo anterior RENACE exige: 

     a) Que el gobierno Nacional asuma que la energía eléctrica de origen nuclear es cara, peligrosa, sucia y obsoleta. 

           b) Que el gobierno Nacional asuma que el crecimiento irracional e inconsulto del programa nuclear de Argentina no beneficia a la sociedad sino a las empresas constructoras, las consultoras y los grandes consumidores de energía subsidiada, en particular las corporaciones mineras.

            c) Que todo el proyecto de construcción de la central nuclear de Atucha II debe ser revisado y sometido a consulta pública, y destinar sus instalaciones a otro tipo de generación, que no sea nuclear. 

            d) Que la central nuclear de Embalse debe ser cerrada al término de su actual vida útil. Rechazamos su prolongación por inconsulta, insegura, peligrosa y económicamente inviable.  

       f) Que no debe construirse en Argentina ninguna nueva central de potencia, y que el programa energético debe reorientarse al ahorro, la conservación sustentable de fuentes no nucleares y la promoción de fuentes alternativas.    

       g) Que para la producción de radioisótopos y otros materiales radiactivos usados en diferentes actividades no hace falta construir nuevas centrales ni nuevas instalaciones nucleares.

        h) Que conforme a la legislación vigente desde 1996, ratificada por el Congreso Nacional  a raiz de las movilizaciones antinucleares de Gastre de ese año,  es obligatoria la consulta popular a las poblaciones donde se pretenda desarrollar o crear "una instalación nuclear relevante". Por ello, deben estudiarse en forma independiente y con veedores de la sociedad civil los efectos sobre la salud y el ambiente de todas las instalaciones nucleares de Argentina, en particular sus centrales nucleares de potencia, sus Centros Atómicos, sus fábricas de combustible nuclear, sus depósitos de residuos radiactivos de todo nivel y sus minas de uranio.

            i) Que debe prohibirse en Argentina la prospección y explotación de minas de uranio, tanto por parte del estado como de empresas privadas y sus asociaciones. 

         j) Que deben remediarse todas las minas de uranio de Argentina, pero no solamente utilizando el crédito otorgado por el Banco Mundial a la Argentina en el marco del PRAMU, sino también con fondos de la propia Comisión Nacional de Energía Atómica. Exigimos que tales remediaciones respeten la legislación vigente y sean permanentemente fiscalizadas por Foros Sociales (como el constituido en la provincia de Córdoba para vigilar la remediación de Los Gigantes y Alta Córdoba, y que la CNEA ignora porque no le conviene a sus modalidades autoritarias y secretas).  

        k) Que debe reorganizarse la Autoridad Regulatoria Nuclear para que proteja a los ciudadanos de Argentina y no a los intereses de las empresas y el lobby nuclear, debiendo integrar obligatoriamente dentro de su estructura a veedores de la sociedad civil que no tengan ninguna relación con el programa nuclear.

         l) Que el gobierno de la nación, CNEA, INVAP y otros organismos deben asumir que la Argentina es libre de combustible nuclear agotado y de residuos radiactivos procedentes de otros países, porque así lo establece el Artículo 41 de la Constitución Nacional. La sociedad no puede seguir soportando definiciones tergiversadas que violan la constitución nacional, y que solo sirven a los intereses particulares de quienes quieren transformar nuestro país en base para el tratamiento y almacenamiento de residuos radiactivos extranjeros.  

        ll) Que debe realizarse un estudio ambiental y epidemiológico independiente y con veedores de la sociedad civil en la zona de Ezeiza cuyas aguas están contaminadas con uranio y otros radioisótopos. Exigimos que se obligue a CNEA y sus socios  del Centro Atómico de Ezeiza a hacerse responsables de la remediación y de proveer, a las poblaciones vecinas, agua sin contaminantes.

         m) Que la ARN deje de implementar planes de emergencia ante accidente nuclear que solo alcanzan 10 kilómetros alrededor de las instalaciones, y genere, en su reemplazo, conjuntamente con los gobiernos provinciales, municipales y organizaciones de la sociedad civil, planes ciudadanos realistas que asuman el verdadero riesgo de las instalaciones nucleares. Exigimos que se tome como accidente de referencia para cualquier plan de emergencia y simulacro el "peor accidente posible", esto es, un accidente grado 7 en la escala del INES. 

           n) Que se asuma públicamente el riesgo que significan los depósitos de combustible nuclear agotado ubicados junto a las centrales nucleares de potencia Atucha I y Embalse, que pueden ser objeto de ataques terroristas o el impacto accidental de aviones de gran porte. Exigimos que estos depósitos sean provistos de sistemas de seguridad resistentes al impacto de grandes aviones comerciales. Declaramos que si uno de estos depósitos fuera impactado por un avión comercial de gran tamaño, se generarían potencialmente no un accidente equiparable al de Chernobyl, sino al de varios Chernobyl.  
Cita N°xxxxxxxxx(Incluimos en el ítem 62 los catorce puntos del  documento público de RENACE, que fuera respaldado por 47  organizaciones ecologistas y activistas de distintas provincias y regiones del país).

63. No es nuestra intención graficar en detalle en este momento, en un mapamundi,  la situación global de la energía nuclear.
Digamos como aporte que hay países sin reactores que consideran su construcción o por lo menos, elaboran un plan nuclear a futuro partiendo primero de la formación de técnicos y científicos que dominen el área. En este sentido, se requiere tiempo para ello y en la práctica, se halla en pañales.
Hay países con reactores en funcionamiento, estables, y ahora discuten sobre el particular.  Los hay con reactores en funcionamiento y consideran la posibilidad de nuevos.  Algunos  países tienen reactores funcionando y otros en construcción.
Hay países con reactores que consideran su cierre. En otros, la actividad nuclear civil es ilegal.
Hay países, en cambio,  que contemplan la energía nuclear básicamente como poder atómico. Hay otros que no tienen energía nucleoeléctrica pero sí algunos reactores de investigación, para medicina o industria.
Entre los que abandonan la energía nuclear optan por dejar de usar la energía  nuclear para la generación de electricidad.
Suecia fue el primer país (en 1980, antes de Chernobyl) y eso que es el noveno país que más energía nuclear consume en el mundo.
Italia en 1987, Bélgica en 1999, Alemania en 2000, decidieron cerrar todas las centrales nucleoeléctricas. 
Austria, Holanda, Polonia y España promulgaron leyes que paralizaron la construcción de nuevos reactores nucleares.
Nueva Zelanda no utiliza reactores para energía desde 1984, decisión a la que habría que sumar aquellas naciones que llevan  más de 35 años sin recibir pedidos de construcción de plantas nucleares, como en Estados Unidos, porque cuesta más la gestión de los residuos radiactivos que la producción de esa energía y, a su vez, porque la energía nucleoeléctrica debe ser subsidiada por el Estado nacional dados los elevados costos y mantenimiento para sostenerla.

64. La CNEA también es una fuente de corrupción subsidiada: “El presupuesto original para el reactor de Atucha I era de 75 millones de dólares. Acabó costando 140 millones de dólares. El reactor de Embalse fue presupuestado en 250 millones de dólares,  el costo final fue de 1.000 millones de dólares. El reactor de Atucha II (aún en construcción) cuando llevaba un 60% de su construcción (año 1988) se estimaba un coste de 1.500 millones de dólares; el coste final se proyectaba más tarde en el orden de 4.500 millones de dólares, es decir, a 7.500 dólares por kilovatio instalado: “la planta nuclear más cara del mundo”. El proyecto cayó en desuso, obras paralizadas, fuera de vigencia, reflotado por el gobierno de Kirchner. Especialistas de la energía atómica adelantaron que no debería haberse rehabilitado el viejo proyecto, al haber en la actualidad  otra tecnología. Asociaciones de personal de la actividad nuclear del país objetó la construcción de Atucha II tal como fue realizada. 

      65-La planta de agua pesada de Arroyito, Neuquén, presupuestada originalmente en 250 millones alcanzó una cifra  final de 1.000 millones de dólares.

    66. La CNEA recibía en 1988, 0,014 dólares por kilovatio de electricidad vendida (cifras Secretaría de Energía). El costo de operar los dos reactores existentes en esos años era de 0,042 dólares por kilovatio. En comparación (antipática) las plantas térmicas e hidroeléctricas dan un coste de 0,03 y 0,027 dólares por kilovatio hora respectivamente.

Los 66 puntos, expuestos aquí, permiten resumir las razones que esgrimen los colectivos ambientalistas antinucleares que se oponen a las nucleoeléctricas. Creímos necesario incorporar la lista puntuada, por cuanto el lobby minero local reflota implantar y desarrollar  una energía que requiere ser debatida. En muchos países ya se dio esa discusión antes e inmediatamente después de Chernobyl, y para aplicar esta tecnología básicamente deben ser consultados los pueblos a los cuales se los quiere destinar a convivir con ella. Deseamos que los sucesos de Japón de 2011, después del terremoto y tsunami, impidan continuar impulsando la energía nucleoeléctrica en el planeta.
La discusión es tan necesaria como inevitable. Sobre todo en ámbitos de las asambleas populares regionales que rechazan la minería de uranio. No habría que negar la extracción de ese metal y aceptar al mismo tiempo la energía nuclear: las cuatro centrales iniciales del plan nuclear  argentino (dos a riesgo de su vida útil extendida y dos plantas por construir) necesitarán diez mil toneladas de uranio, combustible necesario para que operen durante 25 ó 30 años de su vida útil.
La otra gran mentira nucleócrata anida en el discurso de que se necesitan los radioisótopos de  esta energía para ser potencia mundial o para la medicina nuclear. Nada más falso. Países como Australia compran reactores llave en mano del tipo multipropósito, inferiores al medio centenar de megavatios de potencia instalada, productores de radionucleidos para medicina, investigación o industria. Para este fin no se merece sembrar el planeta de sepulcros radiactivos eternos al ser decomisadas las plantas de energía nucleoeléctrica cuando envejezcan a los 25, 30 ó 35 años. Si el proyecto nuclear apunta hacia una Argentina potencia -hipótesis que sostienen belicistas pos conflicto Malvinas- el debate nacional pasará por otro terreno. 

Los sucesos de Fukushima

 

Después del terremoto sufrido por Japón y del Tsunami que sobrevino enseguida, entran en crisis varios reactores nucleares al norte de la isla asiática. Las imágenes y los expertos se sucedían unos a otros en radios y cadenas de televisión. Se vivía tal pandemonio informático que el fin del mundo era pocos menos que predecible. Ante este cuadro, surgió la orden tecnócrata de minimizar los hechos y comenzó la confusión y el desorden, comunicados difundiendo que no había fuga radiactiva, que se enfriaban los reactores con agua de mar, que la radiactividad iría hacía el interior del océano Pacífico, que en ningún momento hubo fusión del núcleo de los reactores, que la gravedad era de nivel 5 y no 7 como Chernobyl, que el diseño había soportado el terremoto no así el imponente Tsunami, omitiendo explicar las rajaduras de las piscinas y las fisuras en el piso de la vasija, etc.  La desinformación comenzó a ocultar la gravedad. 
También se hacían panegíricos sobre el honor y el estoicismo del pueblo japonés, pero nunca sobre los responsables nucleares de esa nación que en nada se diferencian  de los occidentales.
Debimos en consecuencia responder a numerosos pedidos de los colectivos y redes que nos agrupan, y anunciamos a pocas  horas del  fatídico suceso que, aunque se esforzasen los señores del átomo, “no pueden ocultar la catástrofe nuclear de Japón”:
No es necesario el derretimiento de los reactores para emitir radiación al exterior. Las explosiones de las plantas nucleares de Fukushima liberaban  volúmenes inmensos de radiación y el descontrol era  absoluto.
No hay nadie capaz acercarse al núcleo del reactor que había sido inundado con agua de mar para frenar su recalentamiento y fusión, último recurso. El gobierno de Japón titubeaba  reconocer que parte de un reactor se había derretido como ocurrió en Pensilvania en 1979 en el reactor de Three Mile Island. El ocultamiento de la gravedad y la desinformación recorrió el mundo y en Buenos Aires pudimos observar por televisión a un técnico de seguridad nuclear argentino, de
la CNEA, reporteado por un canal local, como minimizaba el impacto de los reactores japoneses al proclamar sin inmutarse que en Chernobyl murieron solamente 35 personas, cuando murieron miles de trabajadores, bomberos y liquidadores, así llamados a los soldados soviéticos enviados a “envolver” el reactor fundido; gran parte de la población evacuada transportaba la radiación que más tarde, a muchos,  les provocaría la muerte. El hospital de pediatría Garraham, de Buenos Aires, fue uno de los tantos nosocomios que recibieron a niños de Ucrania con deformaciones y cáncer de tiroides, nacidos después del derretimiento del reactor de Chernobyl. Entre el vapor radiactivo emergente de las explosiones de las nucleoeléctricas de Japón, reinaba la hipocresía de los funcionarios del átomo. El desastre nuclear japonés de las centrales de Fukushima, seguramente reflotará la discusión internacional sobre la energía nucleoeléctrica, pero no evitará la indignación que producen embaucadores de la información, interesados, digitados por tecnócratas del átomo, dedicados a cubrir el mundo de noticias adulteradas, mientras seres aterrados, azorados, deambulaban por los televisores del mundo, con la ridiculez de un barbijo insuficiente, la mirada perdida, resignados. Las imágenes del reactor humeante aún no han sido explicadas y menos sus efectos. Insistimos, el técnico nuclear oriental no se diferencia del occidental. Ambos minimizan los eventos trágicos de la actividad nuclear, ocultan la gravedad del siniestro, niegan el impacto radiactivo, tal vez con el pretexto de aquel hallazgo de la segunda guerra mundial, el invento letal que nació como secreto de estado, creando artefactos de destrucción masiva y atemorizando al otro con armas de última generación.
El sentido del deber, del honor, del compromiso juramentado, conceptos rigurosamente éticos y solidarios del pueblo japonés son marcadamente opuestos a los que rigen la cultura occidental. Lamentablemente, en las cuestiones relacionadas con la fisión nuclear y la producción eléctrica de ese origen, las diferencias entre ambas culturas son escasas o nulas. Las autoridades japonesas que regulan y dirigen esa industria manejan iguales códigos de ética y grados de corrupción que sus pares del otro hemisferio.
El volumen de los accidentes nucleares japoneses y la manera de engañar al pueblo con falsedades habían producido un creciente malestar en la década del noventa, con manifestantes y grupos de ambientalistas en las calles. El gobierno, entonces,  decidió realizar  una campaña para cambiar la imagen impopular de sus plantas nucleares. Crearon un dibujo al que llamaron Pluto Boy; el monigote televisivo anunciaba que “el plutonio es lo suficientemente seguro como para beberlo” y abundaba en otras consideraciones de igual o peor laya, con el lema “tan seguro como el agua”. El escándalo internacional que esto produjo, las denuncias de los organismos internacionales que manejan el poder nuclear, departamentos de estado e instituciones de energía de países del primer mundo, no pudieron impedir que el muñeco animado apareciera diariamente en los televisores japoneses para calmar a una población movilizada, a pesar de que algunos funcionarios del organismo mundial rector en la energía nuclear (Agencia Internacional para
la Energía Atómica -AIEA) viajaran expresamente hasta Tokio para exigir el cese de la campaña del patético Pluto Boy. Es probable que el colapso de las plantas nucleares de Fukushima, luego del terremoto y del Tsunami, sean las de mayor gravedad después de la fusión del reactor de Chernobyl, pero para sus autoridades tal preocupación no existía hasta ayer cuando afirmaban que “la radiación emitida es fácilmente asimilable por el cuerpo y sin riesgos mayores”.
Hay que tener coraje para admitir semejante aseveración mientras las agencias de noticias y filmaciones del país damnificado, hacían referencia a trabajadores heridos y contaminados, primero tres, enseguida quince y más tarde el silencio. Tan pronto había cien mil desaparecidos por el devastador terremoto como poco después las cifras bajaron a diez mil, como si alguien hubiera borrado por error un cero.
El humo del reactor de Fukushima asciende después de una fuerte explosión que recorrió los ojos del mundo pero para los funcionarios atómicos se trataba de vapor que deliberadamente habían liberado para mitigar la alta presión y reducir los cientos de miles de grados centígrados de temperatura de la fisión nuclear, la cobertura de la planta había perdido parte del techo y uno de los muros, decenas de personas comenzaban a ser evacuadas, y enseguida fueron miles los desplazados, pero seguíamos ignorando qué produjo la explosión y su impacto real. Muy pronto sumaban cinco los reactores a punto de fusionarse, pero la decisión de cerrarlos, “fue por precaución” (se dijo), aunque los bomberos, la policía y los trabajadores, operaban a distancia y cada vez eran más las personas irradiadas.
Horas después le tocaba ser noticia al reactor número tres del complejo nuclear de Fukushima Daiichi “debido a una explosión de hidrógeno”, menguada por el portavoz del gobierno con el consabido “no se ha dañado el reactor”, pero “es posible que se haya producido una fuga radiactiva,” se animó a admitir. La estupidez del especialista que acierta decir que no quedó afectado el reactor (cosa que asegura) y al mismo tiempo duda de la emisión radiactiva, tarea mucho más fácil de comprobar, con solo acercar un medidor de radiación. Mentir y ocultar es la característica que rige el ámbito de la energía atómica. No escuchamos a medio alguno, ni a funcionario del gobierno japonés, mencionar el estado de los tambores con residuos radiactivos, contiguos a las plantas colapsadas.
En la estadística nuclear japonesa tenemos registrado el incidente del sismo de 2007 cuando la central de Kashiwazaki-Kariwa, con siete reactores, quedó fuera de servicio “momentáneamente por precaución”, según insistían los funcionarios que ocultaban una fuga radiactiva; la planta tardó cuatro años en volver a funcionar. Cerrada por precaución tardaron cuatro años en rehabilitarla. Japón tuvo en 1999 un siniestro nuclear grado 5 en la escala sismológica de Richter (de
1 a 7), en la instalación de Tokaimura, a solo 140 kilómetros
de Tokio. No hubo terremoto ni tsunami, pero si errores técnicos y operativos manipulando uranio en contacto con ácido nítrico que provocaron una reacción nuclear incontrolada. Los elementos radiactivos impactaron en 30 operarios que recibieron dosis quince mil veces superiores a las admisibles pero sus efectos se propagaron al exterior obligando a evacuar a 300.000 habitantes en un radio de diez kilómetros. La investigación probó que no existía la tecnología adecuada y se canceló el servicio de la empresa que operaba la planta de reprocesado. En esas mismas instalaciones hubo graves accidentes en 1995 y 1997, pero la lista incluye muchos otros como el de Tsuruga en 1995 donde se irradiaron más de 250 personas mientras se reparaba la central. A partir de ese año, hay un calendario negro de accidentes e incidentes de plantas nucleares japonesas emitiendo fugas radiactivas y, curiosamente, se produjeron muchas de ellas sin la participación de los recurrentes terremotos que padece la isla.
A partir de la crisis del petróleo en los años setenta, Japón decidió desarrollar la energía nuclear. Al depender también del uranio, Japón recurre al reprocesamiento para recuperar el plutonio y el uranio quemado de sus reactores. Sus barcos desfilan transportando los residuos radiactivos de fisión para que Francia o Inglaterra se los devuelvan convertidos en nuevo combustible para sus reactores. El transporte de estos elementos radiactivos significa un cuadro sumamente crítico de una actividad que pone en peligro al resto de la humanidad y hace que numerosos movimientos sociales y ecologistas se movilicen intentando bloquear los envíos. Lo que en realidad hace Japón es sembrar la isla de bombas atómicas, expuestas a ser detonadas por algún Tsunami o por la mano desprevenida de algún técnico que omitió vigilar alguna válvula, porque con la energía nuclear no existe umbral seguro. La radiación es sutil, acumulativa, cancerígena y altera las células de información genética, produce mutaciones y, en este marco, los barones nucleares instalaron un gran patíbulo alrededor del mundo sembrándolo de cilindros y bóvedas radiactivas que al caducar su vida útil se convierten en sepulcros de desechos nucleares, en el mejor de los casos, ya que los reactores fueron previamente desarmados pero la radiación continuará por milenios en los residuos radiactivos almacenados.
¿Por qué supusimos Fukushima al recordar Chernobyl?
¿Qué había pasado aquella madrugada en Ucrania?
El reactor cuatro de Chernobyl comienza a fundirse a la una y siete minutos de la madrugada, un sábado primaveral, 26 de abril de 1986. La nube radiactiva, imposible de concebir por mente alguna, emerge del reactor después de que una fuerte explosión termina con la vida de todos los operarios en el seno de la central. De todos.  La nube primero se desplazó hacia el este y luego rotó hacia el norte. Enseguida se dividió en cuatro pétalos como si se abriera una flor, en distintas direcciones.  Uno de los pétalos de la nube radiactiva fue detectado por un soldado finlandés en un puesto fronterizo. En el mismo instante, en una central nuclear sueca registran altas dosis radiactivas en las botas de un operario. El director de seguridad de la central sueca, Ben Gelman, no termina de entender qué pasa y por la orientación de los vientos sospecha que la radiación proviene del Reino Unido y cuenta más tarde que lo primero que pensó fue en un ataque nuclear en territorio británico, hasta que veinte minutos más tarde se cree que la nube letal proviene de
la Unión Soviética. El silencio se hizo interminable. Los soviéticos contestan con evasivas y dicen no saber nada cuando los suecos les preguntan que los vientos provienen de Chernobyl. Hasta ese instante habían transcurrido diez horas de la voladura y fusión del reactor y los bomberos se sumaban a luchar contra el núcleo convertido en brasa. Los soviéticos reconocen más tarde el desastre diciendo que “no querían alarmar a nadie” y en consecuencia no evacuaron inmediatamente a la población de Pripyat, además hábitat de los trabajadores de la central, la que recibió radiación cuatrocientas veces superior a la generada por la bomba atómica sobre Hiroshima.
La gente de Pripyat, con las primeras luces del día, recorría las calles y la plaza con sus hijos, sin saber que sus días estaban contados. Se cruzaron con soldados que portaban trajes y botas como de lluvia y un barbijo en el rostro, y respondían que se trataba de “un simple entrenamiento”.
La fusión del núcleo fue imparable. El setenta por ciento de los radionucleidos cae en Bielorrusia. El 2 de mayo la nube llega a Japón donde miden radiación altísima. El día 4 toca territorio chino y el 5 la nube sobrepasa
la India. El 6 de mayo aparece en la costa de Estados Unidos y Canadá. Los informes advierten que la nube radiactiva de Chernobyl dio tres vueltas al globo terráqueo. En Europa también  recibió el impacto Alemania,  Francia, norte de Italia e Islas Baleares, y en el resto del viejo continente, aunque en menor medida. Los análisis de orina de algunos habitantes catalanes registraron altos índices de yodo radiactivo, un radionucleido que se aloja en la glándula tiroides y se mantiene vivo por ocho días (vida media) bombardeando desde adentro todo el cuerpo. Pero digamos que hay muchos otros radionucleidos, como el Cesio 137 que contamina durante 30 años todo lo que toca. El Estroncio 90, que ataca la médula ósea y se confunde con el calcio del cuerpo haciendo el mismo recorrido; tiene una vida media de 90 años. Entre los productos de fisión que hay en el núcleo del reactor se halla el gas Xenón, veneno que se inhala y ni la lluvia lo disuelve, permanece vivo por seiscientos años. Son muchísimos los radionucleidos “criados” en la fisión nuclear pero citemos principalmente al más peligro de todos por su alta actividad, el plutonio 239 que se instala en el planeta para no irse por 250.000 años, causando enfermedades terminales. Es inimaginable, pero pensemos que hace 10.000 años había volcanes en Francia y que concluía el último período glacial, y que hace 8000 años el  desierto del Sahara  era una sabana verde y fértil. El plutonio, creado por el hombre en la fisión del reactor posee una vida media de 24.400 años, pero seguirá activo por 250.000 años.
Este cuadro es el que se reproduce actualmente en Japón, aunque creemos que mucho peor, porque combatir contra cinco reactores a los que habrá que envolver en hormigón, sólo para mitigar el impacto radiactivo al exterior, porque continuarán emitiendo radiactividad por milenios, será una tarea que no permite ver el final. Por lo pronto Fukushima es ya una ciudad fantasma como lo es actualmente  la ucraniana Pripyat. Nadie puede ocultar la realidad ni la documentación que se fue gestando sobre Chernobyl con diez millones de afectados por cáncer y leucemias, cinco meses después del desastre nuclear.

Cuando los robots enloquecían en el techo del reactor ucraniano, con la utopía de ahogarlo químicamente y sellarlo con una coraza de hormigón,  se precipitaban –incontrolados- en el núcleo del reactor. Lo increíble sucedió después cuando setecientos mil soldados fueron enviados a cumplir ese objetivo. Se inmolaron. La orden era que cada uno no estuviera más de tres minutos en esa labor porque no hay traje capaz de frenar ese poder destructivo. Se sumaron a semejante esfuerzo muchísimos campesinos y pobladores, los bomberos y otras fuerzas del orden involucradas, enfermaron gravemente. Ocho mil quinientos de estos héroes murieron en horas y poco a poco el cáncer iba dando cuenta del resto. La tragedia continuaba en cada nacimiento de nuevos seres de aquellas mujeres contaminadas en varios kilómetros a la redonda: los niños de Chernobyl, algunos de los cuales estuvieron en Buenos Aires, en nuestro hospital Garraham, años después.
¿Es alarmista describir los hechos de este modo y en consecuencia debemos ocultarlo?

Estamos siendo literales en la descripción de la hecatombe nuclear por eso coincidimos con gran parte del mundo que equipara -por ahora- la tragedia de Chernobyl y Fukushima. Pero este último sitio se agrava por su sismicidad.  Salvando esto, se asemejan mucho los dos casos porque en Japón, a cuatro días del desastre, el gobierno se esforzaba en convencer al mundo que la radiación es tolerable; en Chernobyl, dos días después,  el 28 de abril, el comunicado oficial leído por la autoridad soviética decía que “se había dañado un reactor y estaban reparándolo.” Los mismos burócratas prohibirían luego toda información vinculada con el caso, un velo que se fue destapando cuando desaparece
la URSS. Lamentablemente, las nuevas autoridades ucranianas y rusas reconocen que gran parte de la documentación sobre Chernobyl fue destruida.
En Arg
entina, al momento de concluir este trabajo, el Poder Ejecutivo Nacional envía breves flash de prensa sobre la seguridad de la planta Atucha II, anunciada su inauguración para septiembre próximo. Las elecciones presidenciales serán en octubre y después de Fukushima se cree que la presidente habrá de posponer la fecha del lanzamiento de la tercera central nucleoeléctrica argentina.
Las asambleas, colectivos sociales y organizaciones no gubernamentales  (UAC y RENACE) emitieron un fuerte comunicado a modo de proclama:
Ante la desinformación capciosa  de las autoridades nucleares en el orden nacional e internacional, la confabulación informática de los organismos mundiales de energía atómica, el despectivo silencio oficial acerca de lo sucedido en Fukushima y el plan nuclear argentino, las asambleas  ratifican  el más absoluto rechazo al plan nucleoeléctrico argentino, continuista del elaborado por los regímenes militares que contemplaban el funcionamiento de seis centrales nucleares para producir energía. El documento exige también un plebiscito y un debate público sobre la matriz energética necesaria e ideal para el país  y para los pueblos de América Latina en su conjunto.
El silencio del gobierno argentino con respecto a la catástrofe atómica de Fukushima deja al desnudo la incompetencia, la inoperancia y el menosprecio de quienes tienen el deber de velar por la vida de los ciudadanos  y el destino de la nación. El mutismo expone al ridículo al gobierno argentino frente a las declaraciones que con urgencia asumió el llamado primer mundo al replantearse la actividad nuclear en sus territorios, constituyendo urgentes moratorias. También hubo declaraciones de preocupación de Brasil y de Chile, pero Argentina se limitó a la más absoluta mudez, tal vez castigado el gobierno por la inminente  (inoportuna e imprudente) puesta en servicio de la nucleoeléctrica Atucha II.
Exigimos –dice la proclama-  la restitución territorial de la minería uranífera, y el cumplimiento del PRAMU, Proyecto de Remediación de las Minas de Uranio, residuos que las autoridades nucleares abandonaron de manera negligente y con promiscuidad genocida, y el retiro urgente de los desechos radiactivos instalados en las llamadas “trincheras de Ezeiza”, en contacto directo con el acuífero Puelche, aún en litigio judicial.  También reclamamos la detención inmediata de todas las exploraciones y explotaciones de uranio en el país y la demanda de paralizar Atucha II, que desde su origen, ofrece gruesas irregularidades técnicas en su construcción eludiendo normas de seguridad requeridas pos  efecto Chernobyl; peticionamos una investigación neutral sobre el estado de las nucleoeléctricas Atucha y Embalse para que se proceda a su inmediato decomiso al haber caducado su vida útil, conforme a especificaciones de los organismos rectores en la materia.
Se comunica a la población la necesidad de movilizarse con el objeto de paralizar todas las construcciones nucleares, entre otras razones, por haberse omitido las consultas populares pertinentes según lo establece la ley nacional 24804, artículo 11, “todo nuevo emplazamiento de una instalación nuclear relevante deberá contar con la licencia de construcción que autorice su localización, otorgada por
la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) y con la aprobación del estado provincial donde se proyecte instalar el mismo”; vale para el patético caso de la planta de enriquecimiento de uranio por difusión gaseosa, en Pilcaniyeu, entre otras instalaciones inconsultas en etapa de construcción. Los estados provinciales deberían, por derecho constitucional, haber plebiscitado los proyectos nucleares relevantes.
La desinformación en torno a las actividades nucleares es moneda corriente y las comunicaciones oficiales un cúmulo de falsedades, como las observadas en los medios de difusión a través de técnicos de
la CNEA, preocupados por declarar que en Chernobyl murieron solamente 35 personas, cuando se cuenta por millares los habitantes ucranianos que perdieron la vida, bomberos que sucumbieron “invitados” a apagar el incendio, y setecientos mil soldados arrojando materiales sobre el núcleo del reactor a razón de tres minutos de exposición cada uno cuando la gran mayoría ignoraba el poder de la radiación. En Fukushima mencionan a “medio centenar de héroes”, en este caso inmolados porque sabían a que estaban expuestos. Pero según nuestros registros, la catástrofe de Fukushima es cinco veces más peligrosa que Chernobyl, albergando cinco veces más combustible radiactivo que el de la planta soviética.
En consecuencia, se acuerda que la energía nuclear es insegura, no es limpia ni barata y se halla subsidiada por los respectivos países, incapaces de definir el valor real del kilovatio hora. A la fecha, no existe repositorio de desechos radiactivos de alta actividad en el mundo, y  algunos países aún discuten la forma de su gestión definitiva.
La radiactividad altera las células de información genética, es sutil y acumulativa y se desconocen el volumen y las reales consecuencias de la liberada por los reactores de Japón obligando a los técnicos responsables afirmar que es cuestión de tiempo poder observar la evolución del colapso nuclear de Fukushima, considerado de extrema gravedad por su impacto no sólo en la región asiática sino en el resto del mundo.
 No existe central nuclear que no haya emitido dosis radiactivas significativas al exterior. Sería tedioso enumerar aquí miles de circunstancias de fugas radiactivas provocadas por la actividad humana, que deliberadamente fueron minimizadas y ocultadas, como en los casos de la norteamericana Three Mille Island, en Pensilvania, el Chernobyl de
la URSS
y el Fukushima actual. El planeta es sacudido, una vez más, por emanaciones radiactivas que perdurarán eternamente y cuyas consecuencias son impredecibles. No solo preocupan los 250.000 años de vida activa del plutonio, letal para toda forma de vida, exposiciones al estroncio 90 ó  al cesio 137, con sus noventa y  treinta años de vida media, respectivamente, son suficientes para producir miles de casos como el de Goiania, en Brasil; el yodo 131 es uno de los radionucleidos involucrados en las pruebas nucleares atmosféricas, desde  1945. Se encuentra entre los radionucleidos que han producido y continuarán causando aumento del riesgo de cáncer durante décadas y siglos venideros. El yodo 131  aumenta el peligro de cáncer y otras enfermedades de tiroides, bombardeando desde allí al resto del cuerpo.  El yodo 129 (con un periodo de semi-desintegración de unos 16 millones de años) se puede producir a partir del xenón 129 en la atmósfera terrestre, o también a través del decaimiento del uranio 238. El estroncio 90 y el cesio 137 son tan letales como el equivalente a 1.000 bombas atómicas de Hiroshima. Y tal generación, tal poder, es lo producido durante un año por una planta nucleoeléctrica de 1.000 megavatios. Pero en toda fuga radiactiva, los radionucleidos nacidos de la fisión nuclear son muchísimos, tan peligrosos unos como otros, la mayoría acuña la condición de alta actividad, obligando a miles de generaciones futuras a convivir con ellos, a mutarse a través de ellos.
Estas asambleas  sostienen  la necesidad urgente de impedir la actividad nuclear en el país y se comprometen a luchar activamente por impedir procesos semejantes en los países limítrofes y en el resto de América Latina. Los movimientos sociales, asambleas de todo el país, colectivos y organizaciones no gubernamentales que integran las redes vienen elaborando propuestas y debates en torno a la matriz energética futura. Esas ponencias denuncian al mismo tiempo  al lobby nuclear que se aferra a políticas corrompidas por la falacia del poder del átomo, a la burocracia oficial y a la ignorancia gobernante que dan continuidad a proyectos que ya caducaron, reemplazados en gran parte del mundo, salvo que esta nación impulse el desarrollo bélico nuclear, lo que motivaría otro tipo de comunicado y de pronunciamiento.

QUO VADIS JAPÓN

 (FUKUSHIMA SUPERA LOS NIVELES RADIACTIVOS DE CHERNOBYL)

El gobierno de Japón elevó de cinco a siete el nivel de gravedad en las instalaciones nucleares dañadas y destruidas en Fukushima, utilizando el arbitrario dictamen INES (Escala Internacional de Incidentes Nucleares) para medir la gravedad radiológica. Las contradicciones y omisiones oficiales sobre el desastre nuclear japonés nos  permitieron indagar el real impacto de los reactores que se hallan en vías de fusión o literalmente colapsados; en notas anteriores anunciábamos que las emisiones radiactivas de Fukushima superaban  holgadamente a las de Chernobyl. ¿Nos adelantamos a la decisión oficial que ahora se hizo pública? El síndrome de la evacuación, del gran éxodo,  pende sobre un pueblo que ha comenzado a perder su territorio y aparece la pregunta ¿adónde?

¿Quo vadis Japón?

Cómo fue posible semejante desgracia si los señores del saber nuclear habían ponderado la calidad de las centrales atómicas de Japón, capaces de resistir terremotos de magnitud nueve en la escala de Richter,  al mismo tiempo que culpaban a los profesionales locales de no haber sabido predecir un tsunami tan devastador, como si la culpa fuera de olas de quince metros cuando se esperaban algunas de un tamaño muy inferior.  En esta correlación, no explicaban que las piscinas refrigerantes de desechos  nucleares (combustible nuclear gastado que debe enfriarse por 25 ó más años), se habían agrietado debido al movimiento sísmico y no por el maremoto posterior, y que los tambores conteniendo los desechos radiactivos de alta actividad, ubicados en instalaciones contiguas, nunca fueron mencionados ni se aludía a su peligrosidad, ni  donde se hallaban o en que estado habían quedado después de la violenta ola que los sacudió y revolvió brutalmente como si fueran hojas de papel;  residuos que permanecerán activos por cientos de miles de años  -hay que recordarlo- y que aún el hombre no ha procedido a aislarlos de manera definitiva. (Esperamos conocer el destino de esos recipientes deletéreos o el estado en que se hallan después del cataclismo). Mientras tanto las imágenes develaban la verdad disimulada en innumerables contradicciones entre técnicos, especialistas y gobiernos de distintas latitudes que sentenciaban la gravedad de Fukushima.
La seguridad de las centrales japonesas  -en plena tragedia-  era única en su género, fue diseñada para soportar terremotos inimaginables, advertían sesudos peritos,  en el mismo instante en que, en el teatro de los sucesos, comenzaba la trama  heroica de un grupo de técnicos que se inmolaba para salvar a sus congéneres, intentando enfriar, cubrir y acorazar a un reactor fusionado, tarea que resultó insuficiente.  La proximidad del mar habilitaba el uso del agua, destructora de los metales del reactor, en último recurso para reducir la temperatura del núcleo averiado, a pesar de que aún se lo anunciaba como medianamente en estado de fusión, urdiendo de ese modo una de  las mayores mentiras de la historia nuclear.
Menos mal que pasó en Japón, repetían insistentes las cadenas internacionales de noticias, ignorando acaso que esa misma isla había padecido decenas de fugas radiactivas de gran intensidad, sin fenómenos de terremotos o tsunamis a la vista, pero con la presencia  -en un pasado reciente- de miles de manifestantes exigiendo el cierre de las centrales. Japón, al igual que los barones nucleares de occidente,  acudió a la indecencia discursiva para afirmar que “aquí no pasa nada que no esté controlado”.

Fukushima permite elaborar una lista interminable de falsedades, engaños digitados  por funcionarios, técnicos y expertos que minimizaban la tragedia convirtiendo al holocausto nuclear japonés en un genocidio justificado por una inconcebible adversidad. Fue la adversidad, proclamaron. 
La misma hipocresía cientificista, capaz de afirmar que sólo treinta y cinco fueron los muertos de Chernobyl, deambula por los medios informativos en países de distinto signo: que Fukushima no representa peligro para la salud, que todos los equipos de seguridad funcionaron normalmente, que el sistema japonés previó una última coraza de hormigón impidiendo que la vasija con el núcleo se expusiera a cielo abierto, que la emisión radiactiva es semejante a la producida por un par de radiografías, que la radiación está controlada, que con el agua de mar inutilizaremos a los reactores pero habremos sofocado las emisiones radiactivas, fue una muletilla constante que se superponía con imágenes de las gigantescas cajas de hormigón destruidas y humeantes cubriendo los reactores.  El viejo mensaje de que Fukushima no es Chernobyl  demuele las argucias de la tecnocracia nuclear al reconocer ahora que ambas centrales se hallan en el mismo nivel siete en la escala INES.
De pronto la radiación alcanzó la bastedad del mar, primero a treinta kilómetros, enseguida superó los ochenta, leve y no significativa para la cadena trófica, argüían los voceros de la empresa y del gobierno, sin  justificación alguna al reconocer elevados  índices de radiación registrados en continentes lejanos. El agua, vehículo que comunica todo a la biosfera, se suma a la nube tóxica que también trasporta los radionucleidos en la gran campana. Nuestros registros, -comparativos con infortunios semejantes-, nos permiten afirmar que el caso Fukushima es mucho más grave que el de Chernobyl, en tanto contiene por lo menos cuatro veces más combustible que la unidad nuclear ucraniana. Aprendimos de Chernobyl y de las miles de fugas radiactivas de las plantas nucleoeléctricas, a descreer de los cultores de una tecnología que definen como de punta, barata, limpia y segura.
Ahora resulta que es barata porque las empresas no invirtieron en la seguridad que requieren  las plantas (eso le achacan a la compañía eléctrica  que gestiona Fukushima) y no dicen que es cara porque en realidad cuesta más la gestión del residuo radiactivo que la energía misma. Es sucia, por la misma cualidad anterior y porque en todo el proceso de la cadena nuclear se produce más escoria radiactiva que beneficios energéticos, en la molienda y colas de la minería, en la producción del dióxido de uranio, en los cementerios nucleares que quedarán vigilados eternamente, al ser decomisadas las centrales al cabo de su vida útil, en el reprocesamiento del combustible nuclear gastado, verdadero “licor de brujas” en opinión de quienes tienen la responsabilidad de reciclarlo, en las labores de las plantas nucleares en actividad y en la gestión de los residuos radiactivos, arrojados inescrupulosamente a los océanos o esperando repositorios  definitivos   que contengan los radionucleidos a perpetuidad. Al día de hoy no existe repositorio de residuos radiactivos de alta actividad en el mundo, y aquellos países que lo intentaron fracasaron.  Hasta el PRAMU argentino, Proyecto de Remediación de Minas de Uranio,  es una cruel falacia, con las minas de uranio abandonadas a sabiendas que contienen más del 70% del decaimiento del uranio 238, partículas cancerígenas expuestas a la complejidad climática, aún  sin gestión definitiva.
Fukushima no puede ocultar la constante fuga radiactiva  ni el impacto radiológico que sufre el  planeta.

Hallan restos de yodo radiactivo en el agua corriente de Tokio y de otras ciudades y altos niveles de radiación en la leche, en verduras y hortalizas producidas en la región afectada, fue un lacerante titular. Todo el territorio se vio impactado radiológicamente en la atmósfera, en suelos, agua potable y  mar. Y esto continuará por muchísimo tiempo. Entonces es hora de advertir a la población de la gran mentira oficial que minimiza los niveles de radiación de alimentos como los hallados en la espinaca, “semejante a una quinta parte de la que puede recibir un humano en una placa de rayos X”, información que  oculta deliberadamente el carácter acumulativo de la radiactividad.
Por lo pronto se están utilizando aeronaves sin piloto que fotografían y estudian las plantas nucleoeléctricas. Un helicóptero teledirigido francés se halla en camino de Fukushima, única forma segura de investigar las centrales dañadas y las que también recibieron impactos menores. Las piscinas de los reactores 5 y 6 aumentaron considerablemente la temperatura, las bombas de refrigeración no funcionan, hay escapes radiactivos y sus núcleos están en virtual desmadre. Otras informaciones avisan que las bombas  refrigerantes  actúan pero que la temperatura no baja sustancialmente.
Los reactores 1, 2 y 3 se hallan en nivel máximo de gravedad, la propia empresa TEPCO anunció las dificultades para dotar de energía y de refrigeración a sus núcleos. El reactor 4 es otro de los averiados que también subió de categorización en la escala INES (ha superado 100.000 veces los niveles normales de radiactividad). “Las sustancias radiactivas parecen difundirse hacia el norte”, en opinión de la empresa propietaria de las plantas, Tokio Electric Company (Tepco), admitiendo que niveles importantes de estroncio 90, cesio 137 y yodo 131se registraron a
80 kilómetros de Fukushima.
Si hasta ahora el nivel de radiación equivale a un 10% del emitido por la planta soviética de Chernobyl (razonaba un agente de seguridad japonés), induce a pensar que lentamente Fukushima sobrepasará los niveles de aquella. Habrá que modificar la escala porque el nivel siete en la gradación INES fue superado.
¿Por qué aseguramos esto?
Porque cuatro unidades de Fukushima en estado de fusión, con piscinas rajadas y continuas emisiones de radiación, contienen casi mil toneladas de uranio, equivalente a cuatro veces la del reactor 4 de Chernobyl. Los escapes testeadas en territorio y aguas japonesas provienen de esas barras almacenadas que incluyen el combustible gastado refrigerándose en las piscinas y no tenemos en cuenta (porque lo desconocemos) la cantidad de residuos radiactivos de alta actividad alojados en los tambores contiguos a las plantas. El propio operador de la empresa Tepco, Junichi Matsumoto, reconoció que la cantidad  de radiactividad liberada podría superar a la de Chernobyl en caso de persistir las fugas, sin tener en cuenta, hasta el momento, que el yodo 131 emitido en Fukushima es el doble del liberado por la central ucraniana.
El territorio se reduce, la isla empequeñece, la naturaleza ejerce su dominio. Recorrer un mapa de la nación japonesa implica detener la mirada en las ciudades del sur, Hiroshima y más abajo Nagasaki, reflejo inevitable de la memoria. El norte de Tokio fue sacudido con violencia por el terremoto y los primeros anuncios apuntaban a la planta nuclear de Onagawa, envuelta en llamas. La costa norte del Pacífico (Sengai) fue la más golpeada por la triple tragedia que parece inacabable, terremoto, maremoto y radiación. La ciudad imperial, Osaka, aparece como el límite habitable hacia el sur, pero no alcanza para un pueblo que tendrá que repensar el país y bucear fuerzas en su vieja cultura, ahora occidentalizada y signada por una economía, la tercera mayor mundial después de Estados Unidos y China. ¿Es este el camino? Por eso nuestra pregunta ¿Quo vadis Japón?, también válida para el planeta. Por lo pronto habrá que ir imaginando nuevos sitios, otras islas y otro hábitat que suplante los territorios irradiados del norte.  No es ilógico pensar que Japón se ve obligado a delinear un nuevo camino partiendo de un kilómetro cero, no sólo evitando desarrollar energías destructivas o de efímera eficacia, sino replanteándose el sentido de la vida. Japón es también un caso testigo para todos,  punto de inflexión de un mundo cegado por el consumo, devorador de futuro.

Por todo lo expuesto y  ante los proyectos nucleoeléctricos de IIRSA, creemos imprescindible ofrecer la realidad de otra matriz energética.

                                                                 III

                                            Matriz energética al debate

 

En 2004 las fuentes de energía renovable, como la eólica, solar, la hidráulica, la biomasa y la geotermia proporcionaban el 17% del suministro mundial de energía primaria. La información proporcionada por REN 21, una red global creada como respuesta al compromiso de la Conferencia Internacional por las Energías Renovables, que se reuniera en Bonn en junio de 2004, produjo júbilo entre las numerosas asociaciones que impulsan las energías de alternativa (xxxxx REN21 difundió su publicación anual, Renewables 2010 Global Status Report, junto con el informe de PNUE - Global Trends in Sustainable Energy Investment 2010)      La solar encabezaba la lista, con una potencia instalada que había crecido el  60% anualmente desde el año 2000 al 2004,  instalada sobre 400.000 tejados de Japón, Alemania y Estados Unidos. Le seguía el 28% de la energía eólica en 2004 liderada por Alemania con 17.000 GW.
A estas cifras se suman las producidas por los biocarburantes como etanol y biodiesel que le restaron a los combustibles fósiles un 3%. El anuncio de Ren 21 confirmaba que cuatro millones y medio de consumidores de la llamada electricidad verde, de Europa, USA, Canadá, Australia y Japón, compraban la energía renovable directamente o por medio de certificados verdes.
A pesar de estos datos, las economías desarrolladas seguían insistiendo con dedicarse a las energías tradicionales y sobre todo comenzaron a hablar del resurgimiento mundial de la nuclear para mitigar o reemplazar a los hidrocarburos, apoyadas por el marketing de producir energías que no aumenten el calentamiento global del planeta y a raíz del costo  de los barriles de petróleo. 
Mientras el lobby atómico multiplicaba slogans y espacios en agencias de información sobre el falaz auge de plantas nucleoeléctricas, transcurría otro lustro alentador para la energías renovables en el mundo.

La ONU, en junio de 2010, difundió las tendencias globales de energía verde en 2009. Tanto EE.UU. como Europa añadieron más capacidad de energía procedente de fuentes renovables como la eólica y la solar, en lugar de las fuentes convencionales como el carbón, el gas y la energía nuclear, según los informes paralelos lanzados por el Programa de  las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Red de Política de Energía Renovable para el siglo 21 (REN21).
Las energías renovables representaron el 60 por ciento de la nueva capacidad instalada en Europa y más del 50 por ciento en los EE.UU. en el año 2009. Dos años después, el mundo añade  más capacidad al suministro de electricidad procedente de fuentes renovables que de fuentes no-renovables.

Los informes detallan las tendencias en el sector global de energía verde, incluyendo fuentes  que atrajeron mayor atención de inversionistas y de los gobiernos en diferentes regiones del mundo. La inversión en energía limpia esencial (nuevas energías renovables, biocombustibles y eficiencia energética) se redujo en un 7% en 2009, para registrar 162 mil millones de dólares. La cantidad de recursos invertidos en muchos subsectores disminuyó significativamente, incluyendo el de energía solar a gran escala (empresa de servicios públicos) y el de biocombustibles. Sin embargo, hubo una inversión récord en energía eólica. Si el gasto en los calentadores solares de agua, así como los costos totales de instalación de energía solar fotovoltaica en azoteas se incluyeran, la inversión total en 2009 aumentó, yendo en contra de la tendencia económica.

Nuevas inversiones de los sectores públicos y privados en energía limpia saltó un 53 por ciento en China en 2009. China agregó 37 gigavatios (GW) de capacidad de energía renovable, más que cualquier otro país.

A nivel mundial, cerca de 80 GW de capacidad de energía renovable se agregaron, entre ellos 31 GW de energía hidráulica y 48 GW de capacidad no-hidráulica.

En 2009, China superó a los EE.UU. como el país con la mayor inversión en energía limpia. El desarrollo de parques eólicos en China fue la característica más fuerte de inversión del año, aunque hubo otras áreas de fortaleza a nivel mundial en ese año, en particular inversiones eólicas fuera de la costa del Mar Norte y el financiamiento del almacenamiento de energía y de empresas de tecnología de vehículos eléctricos.

La energía eólica y las adiciones de energía solar fotovoltaica alcanzaron un récord de 38 GW y 7 GW, respectivamente. Las inversiones totales en empresas de servicios públicos para la generación de energía fotovoltaica a gran escala disminuyeron con relación al año 2008, en parte debido a las grandes caídas en los costos de la energía solar fotovoltaica. Sin embargo, este descenso se vio compensado por la inversión récord en pequeña escala de proyectos de energía solar fotovoltaica (en azoteas).
Los informes también indican que los países con políticas de fomento de las energías renovables se han duplicado de 55 en el
2005 a más de 100 hoy en día - la mitad de ellos en el mundo en desarrollo - y han desempeñado un papel vital en el rápido crecimiento del sector.
Estos informes, Tendencias Globales en
la Inversión en Energía Sostenible 2010- PNUMA, y el REN21 2010 Informe de la Situación Global de las Energías Renovables, fueron dados a conocer por el Sub-Secretario General de la ONU y Director Ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner, y el Presidente del REN21, Mohamed El-Ashry. El informe del PNUMA fue preparado por Bloomberg New Energy Finance con sede en Londres. El informe REN21 fue producido por un equipo de autores en colaboración con una red global de socios investigadores.
El informe del PNUMA se centra en las tendencias globales de la inversión en energía sostenible, que abarca tanto la energía renovable y los sectores de eficiencia energética. El informe REN21 ofrece una mirada amplia a la situación actual de la energía renovable en todo el mundo, abarcando la regeneración de energía, calefacción y refrigeración, y combustibles para el transporte, y describe el paisaje de las políticas y objetivos introducidos alrededor del mundo para promover la energía renovable.
Steiner indica que: "La historia de la inversión de la energía sostenible del año 2009 fue de resistencia, frustración y determinación. Resistencia a la crisis financiera que estaba azotando a todos los sectores de la economía global y la frustración que, mientras que la reunión de
la Convención de Naciones Unidas sobre el cambio climático en Copenhague no
fue el gran punto de quiebre que podría haber ocurrido, ni fue el gran avance que muchos esperaban. Sin embargo, había determinación por parte de muchos actores de la industria y de los gobiernos, especialmente en economías en rápido desarrollo, para transformar la crisis financiera y económica en una oportunidad para un crecimiento más verde.” Agregó: "Sin embargo, aún existe una gran brecha entre la ambición y la ciencia en términos de dónde debe encontrarse el mundo en 2020 para evitar un peligroso cambio climático. Pero lo que subrayan estos cinco años de investigación, es que esta brecha no es insalvable. De hecho, la energía renovable está consistentemente y persistentemente resistiéndose a la tendencia y puede desempeñar su papel en alcanzar una Economía Verde  baja en carbono y eficiente en el uso de los recursos, si la política gubernamental envía señales del mercado cada vez más fuertes a los inversionistas."
El-Ashry dice: "Las políticas favorables que actualmente operan en más de 100 países han jugado un papel crítico en la fuerza de las inversiones mundiales en energía renovable recientemente. Para que la tendencia en el incremento del crecimiento de la energía renovable continúe, los esfuerzos de política deben ser llevados al siguiente nivel y fomentar el aumento masivo de las tecnologías renovables.”
Michael Liebreich, Presidente Ejecutivo de Bloomberg New Energy Finance dice: "El desempeño relativamente resistente del sector durante la crisis económica actual demuestra que la energía limpia no fue una burbuja creada por las últimas etapas del auge crediticio, sino que es un tema de inversión que seguirá siendo importante durante los próximos años "
En 2009, según cifras del informe de
la ONU
, las fuentes de energía renovable representaron:

  • 25 % de la capacidad mundial de energía (electricidad) (1,230 gigavatios (GW) de un total de 4,800GW de todas las fuentes, incluyendo carbón, gas, energía nuclear)
  • 8 % de la producción mundial de energía
  • 60 % de la nueva capacidad energética instalada y más del 50 % en los EE.UU.; el mundo, en conjunto, debería alcanzar el 50 % o más en nueva capacidad instalada de energía en 2010 o 2011.

El dosier destaca la Iniciativa Financiera de Energía Sostenible del PNUMA y los informes de REN21

Por primera vez, las inversiones en energía verde del sector privado en Asia y Oceanía, alrededor de 40.8 miles de millones de dólares en 2009, superaron a las de América, 32.3 miles de millones de dólares.
La inversión del sector privado en Europa disminuyó en un 10 por ciento, a
43.7 miles
de millones de dólares.
En 2009, las economías más grandes comenzaron a erogar parte de los 188 mil millones estimados para los programas de "estímulo verde" anunciados en septiembre de 2008.  Sin embargo, a finales de 2009, sólo el 9% del dinero se había gastado, con la expectativa de que mayores proporciones de energías de alternativa fluirán en 2010 y 2011.

Después de un primer trimestre débil atribuido a la crisis bancaria, las inversiones en energía sostenible se recuperaron en los tres últimos trimestres del año 2008. La inversión de 162 mil millones de dólares en 2009 representó la segunda más alta en términos anuales (después de 2008) - casi cuatro veces la suma invertida en 2004.
Dicha inversión de 162 mil millones de dólares ha permitido agregar un estimado de 50 gigavatios (GW) de capacidad de generación de energía renovable a nivel mundial (no incluye hidroeléctrica). Esto representa un fuerte aumento de los 40 GW añadidos en 2008. Cincuenta GW equivale aproximadamente al producto de 75 plantas de energía alimentadas por carbón.

Mirando hacia adelante

El sector de la energía verde sobrevivió la crisis económica mejor de lo que se esperaba, con precios de las acciones subiendo casi un 40% en 2009, revirtiendo aproximadamente un tercio de las pérdidas sufridas en 2008.
En los primeros cuatro meses de 2010, los precios de las acciones de energía limpia tuvieron un desempeño por debajo, de alrededor del 10%,  de los mercados de valores más amplios. Aunque los precios del petróleo fueron altos, los precios de la electricidad y el gas natural se mantuvieron bajos, frenando el rendimiento para los desarrolladores de proyectos.
Sin embargo, en el primer trimestre de 2010 (a menudo el trimestre más bajo del año), las nuevas inversiones en energía limpia subieron más de un 50 por ciento que en los mismos tres meses del 2009.

Puntos importantes  del Sector

De
2005 a 2009 inclusive, la tasa anual promedio de crecimiento de la capacidad de energía eólica fue de 27%; de agua caliente solar de 21%; la producción de etanol de 20% y la producción de biodiesel fue de 51%. El uso de la biomasa y geotermia para electricidad y calefacción también crecieron significativamente.

Eólica

La eólica fue aún más dominante como destino para inversiones en 2009 que en 2008. En 2008 representó 59 mil millones de dólares o 45% de todas las inversiones financieras en energía sostenible; en 2009, representó 67 mil millones de dólares y su participó se incrementó al 56%.
Las adiciones de energía eólica alcanzaron un récord de 38 GW, de los cuales 13,8 GW se instalaron en China, 10 GW en los EE.UU. y 2,5 GW en España.
La energía eólica existía en tan solo un puñado de países en la década de los 90, pero ahora existe en más de 82 países.

Solar

La inversión total mundial en energía solar fotovoltaica alcanzó un récord de 40 mil millones en 2009.

La energía solar conectada a la red ha crecido en un promedio de 60 por ciento anual durante la última década, de 0,2 GW al inicio de 2000 a 21 GW a finales de 2009. Fue un año  muy diferente para la energía solar de gran escala (compañía de servicios públicos-escala); sin embargo, sufrió una caída del 27 por ciento de la inversión financiera en el año, para llegar a 24 mil millones de dólares.
Los fuerte caída se vincula con varios factores, incluyendo la caída de precios, un repentino exceso de oferta de productos fotovoltaicos, la precaución por parte de los inversores respecto a aportaciones a empresas jóvenes de energía solar, la falta de financiamiento bancario para proyectos en Europa y América del Norte, y una congelación temporal de los permisos para nuevas instalaciones en España, el mercado solar más activo en 2008.
No obstante, los incrementos en energía solar fotovoltaica alcanzaron un récord de 7 GW en 2009. Alemania fue el principal mercado, con 3,8 GW, o más de la mitad del mercado mundial. Otros mercados importantes fueron Italia, Japón, Estados Unidos,
la República Checa
y Bélgica. En España, líder mundial en 2008, las instalaciones llegaron a un nivel bajo en 2009 después de haber superado un objetivo político.
En 2009, China produjo 40 por ciento del suministro mundial de energía solar fotovoltaica, el 25 por ciento de las turbinas eólicas del mundo (más alto que el 10 por ciento de 2007), y 77 por ciento de los colectores solares de agua caliente en el mundo.
Según algunas estimaciones, el precio de la energía solar fotovoltaica producida se redujo entre un 50 y un 60% – a partir del máximo de 3.50 dólares por vatio a mediados de 2008, aproximándose a 2 dólares por vatio.

Biocombustibles

Los biocombustibles, que ocuparon el tercer lugar después de la energía eólica y la solar en 2008 con 18 mil millones de dólares de inversión financiera, terminaron en cuarto lugar en 2009 con tan sólo 7 mil millones.  Biomasa y residuos-a-energía, que fue cuarto en 2008 con 9 mil millones, pasó al tercer puesto en 2009 con 11 mil millones.
Los biocombustibles desplazaron la energía equivalente al 8 por ciento del consumo mundial de gasolina. 
En América Latina se tienen muchos productores nuevos de biocombustibles en países como Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú, así como la expansión en otras tecnologías renovables.
Las inversiones en plantas nuevas de biocombustibles también disminuyeron con relación a las tasas de 2008, debido a que la capacidad de producción de etanol de maíz no se utilizó en su totalidad en los Estados Unidos y varias firmas se declararon en quiebra.  Igualmente la industria brasileña azucarera de etanol enfrentó problemas económicos, sin crecimiento a pesar de los planes para su expansión. Europa enfrentó un descenso similar en biodiesel, con su capacidad de producción utilizada sólo a la mitad.

Geotermia

La inversión financiera en geotermia sufrió una caída de 29 por ciento en
2009, a 2 mil millones de dólares.

Eficiencia energética

Las tecnologías de energía inteligente como el almacenamiento de energía y la eficiencia, registraron un incremento del 34% en la inversión, alcanzado los 4 mil millones de dólares. Por primera vez, las tecnologías de energía inteligente atrajeron más capital de riesgo e inversión de capital privado que cualquier otro sector de energía limpia.

Aspectos destacados por Región (Fuente PNUMA y REN 21)

  • Europa mantuvo su posición como la región del mundo con mayor proporción de inversión financiera mundial en energía limpia - pero por poco.  Su total llegó a 43.7 miles de millones de dólares, cayendo de los 48.4 miles de millones de dólares en 2008.
  • Asia y Oceanía produjeron un fuerte incremento en las inversiones financieras en 2009, al pasar a los 40.8 miles de millones de dólares a partir de31.3 miles de millones.
  • India es el quinto país a nivel mundial con relación a la capacidad total existente de energía eólica y está expandiendo rápidamente muchas formas rurales de energías renovables como el biogas y la energía solar fotovoltaica.
  • América del Norte sufrió una caída en las inversiones,  al pasar de 33.3 miles de millones de dólares a 20.7 miles de millones de dólares.
  • Medio Oriente y África disfrutaron de un modesto aumento pasando de 2.1 miles de millones a 2.9 miles de millones de dólares en 2009.
  • América del Sur vio el descenso de inversiones a 11.6 miles de millones de dólares  a partir de los 14.6 miles de millones de dólares.
  • Brasil produce casi todo el etanol derivado del azúcar del mundo y ha estado agregando nuevas plantas de energía eólica y biomasa.

Las políticas públicas: Abasteciendo el rápido crecimiento de las energías renovables

Un hito importante se alcanzó a principios de 2010 - más de 100 países habían decretado algún tipo de metas de política y/o política de promoción relacionada con las energías renovables, superior a los 55 países de principios del 2005.
En los últimos tres años, muchas de las nuevas metas promulgadas hacen referencia a un 15-25% de participación de energía o electricidad procedente de energías renovables para 2020.  La mayoría de los países han adoptado más de una política de promoción, y hay una gran diversidad de políticas en vigencia a nivel nacional, estatal / provincial y local.
El liderazgo de la manufactura se está desplazando de Europa a Asia, ya que países como China, India y Corea del Sur siguen incrementando sus compromisos con las energías renovables.
Como grupo, los países en desarrollo tienen más de la mitad de la capacidad mundial de energía renovable.  Los países en desarrollo ya representan casi la mitad de todos los países con metas de política (38 de 80 países) y también representan la mitad de todos los países con algún tipo de política de promoción de energías renovables (41 de 81 países).

Los mercados de las energías renovables están creciendo a un ritmo rápido en países como Argentina, Costa Rica, Egipto, Indonesia, Kenia, Tanzania, Tailandia, Túnez y Uruguay, por nombrar algunos.

Al menos 20 países en Medio Oriente, África del Norte y África sub-sahariana tienen mercados de energía renovable activos. Otros países desarrollados fuera de Europa y los Estados Unidos, como Australia, Canadá y Japón, recientemente están registrando avances y una diversificación tecnológica más amplia.

A nivel mundial, se estima que las industrias de energías renovables emplean directamente a 3 millones de personas, la mitad de ellos aproximadamente en el sector de los biocombustibles, y adicionalmente generan empleos indirectos más allá de esta cifra.

Tanto dentro como fuera de Europa, los bancos del sector público como el Banco Europeo de Inversiones y el Grupo bancario KfW de Alemania han tomado un papel cada vez más relevante, incluso en muchos mercados emergentes como el de Brasil.

Otra fuerza que impulsa las energías renovables en países en desarrollo es el marcado aumento de los flujos de ayuda al desarrollo. Dichos flujos se incrementaron por encima de los 5 mil millones de dólares en 2009, en comparación con los 2 mil millones en 2008. Los mayores proveedores son el Banco Mundial, el KfW de Alemania, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Asiático de Desarrollo. Docenas de otros organismos de desarrollo aportan una creciente cantidad de préstamos, donaciones y asistencia técnica.
El apoyo público para la energía sostenible se mantuvo alto en la mayoría de los países, pero las acciones para reducir las emisiones dejaron de ser una prioridad para algunos votantes debido a la recesión, las controversias sobre la ciencia del clima  en el pasado invierno y el frío invernal que afectó a las zonas más pobladas del hemisferio norte.
En la primavera de 2010, el sector afrontaba nuevos desafíos conforme una segunda fase de la recesión económica se desarrollaba, con los gobiernos presionados para reducir sus déficits y la volatilidad regresando a los mercados. (xxxx) Fuente: Comunicado de prensa del PNUMA, distribuido para uso informativo, no es documento oficial. Sede: calle Presidente Mazaryk no.29, piso 2 - Col. Chapultepec Morales C.P. 11570 - tel. 5263-9727,
www.nacionesunidas.org.mx Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Oficina Regional para América Latina y el Caribe. www.pnuma.org. Contactos: Virginia Sonntag-O’Brien, Nick Nuttall, Moira O’Brian- Malone, Terry Collins, Jim Sniffen, Jill Goodkind y PNUMA Caribe: Mara Murillo.

La energía solar es una realidad

El método de crear energía por concentración solar es de lo más interesante. Se recalienta un medio líquido (generalmente aceite)  por medio de espejos parabólicos de orientación automática (son espejos reflectantes llamados heliostatos), que a su vez calientan agua, ésta genera vapor que empuja una turbina que produce electricidad.
Las energías de alternativa se han perfeccionado de manera acelerada. La termosolar se convirtió en la esperanza energética en crecimiento constante. La eólica concitó la atención desde siempre pero enseguida se fue desarrollando la energía fotovoltaica a base de paneles solares. Ahora es el turno de la energía térmica en tanto se desarrollan otras que son afines con las regiones y sus insumos.
Algunos países se tomaron en serio a las energías limpias, habrá los que desean contribuir a la mitigación sostenida del calentamiento global y los que las consideran un negocio emergente. Las potencias dominantes de la globalización son en este sentido  una incógnita.

Todas las estructuras del estado chino confluyen para impulsar una nueva matriz energética. Los ministerios chinos de energía, ciencia y tecnología, vivienda y desarrollo rural y urbano,  la Administración Nacional de Energía (NEA) y del gobierno central, se encargan de planificar y sostener el avance de la energía solar subsidiando hasta el 50 % del precio de los contratos del equipo básico para instalarla, que incluyen la zona económica y la comercial de la capital Beiging, utilizadas como modelo.  Además de la ayuda económica que ofrece el gobierno chino, el usuario de la energía solar gozará de costes ventajosos, de entre cuatro y seis yuanes,  unos 0,45 y 0,68 euros por voltio.
Hemos mencionado anteriormente que China colisiona con Estados Unidos y Japón por las limitaciones que impuso en torno a las exportaciones de las llamadas “tierras raras.” Algunos elementos de esos minerales son imprescindibles para contar con  paneles solares.
Estados Unidos quiso corregir una eventual dependencia de China; por tal motivo el gobierno de Massachusetts aportó poco más de 43 millones de dólares de asistencia a la innovadora tecnología de la compañía Evergreen Solar que entre 2008 y 2010 se convirtiera en el tercer fabricante de paneles solares más grande de Estados Unidos. La ayuda financiera pretendía retener a la fábrica y a sus 800 trabajadores en territorio norteamericano, pero Beiging compró el pase -por decirlo de alguna manera-  y Evergreen se mudó al centro de China, en Wuhan, afirmando que el apoyo del gobierno asiático es mayor. La administración del presidente Barack Obama le recrimina a los chinos haber violado las normas de libre mercado de
la Organización Mundial
de Comercio (OMC), porque –claro está-  los fabricantes de paneles solares chinos representaron poco más de la mitad de la producción mundial en el año 2009
No atender al advenimiento de las energías alternativas como la solar y las rispideces que produce  la competencia entre los propios países del primer mundo, es de necios, como ignorar por ejemplo que China acaba de superar a Estados Unidos como el mayor constructor e instalador de turbinas eólicas del mundo.
Otra caso paradigmático de aplicación de la energía solar, dentro de la comunidad europea, es el de España, con sus modelos fotovoltaicos de punta y además es el cuarto país del mundo en termosolar, la que exporta en un 80% a Alemania. Las plantas fotovoltaicas españolas en los primeros meses del 2011 superaban los 4.000 MW (megavatios) de potencia instalada, equivalente a once plantas nucleoeléctricas como la argentina de Atucha (360 MW). A mediados del año 2010, las termosolares contribuyeron con unos 432 MW al parque energético español, superando a Estados Unidos en este rubro que posee una potencia eléctrica de origen termosolar de 422 MW, convirtiendo al país en el primer productor termosolar del mundo. España contaba entonces con once plantas de esta tecnología  en funcionamiento y veinte finalizando su construcción. Para el año 2013 en España operarán 60 plantas termosolares y su industria contribuye actualmente con proyectos en Estados Unidos, Norte de África, Oriente Medio, China, India y Australia. Además la tecnología española construye parques fotovoltaicos en Italia, Portugal y Bulgaria.

En Italia la capacidad instalada de fotovoltaica al año 2011 era de 3.000.MW. Gesore dei Servizi Energetici (GSE) dice que Italia ha instalado 711 MW de energía solar fotovoltaica en 2009, 340 MW en 2008, y sólo 60 MW en 2007. Para GSE hay un adicional de 4.000 MW de energía solar fotovoltaica en 55.000 sistemas en la tubería, que potencialmente aportarán la capacidad total instalada de 7.000 MW. El objetivo de energía solar fotovoltaica en el 2020 en Italia es de 8.000 MW.
La península tiene 60 millones de habitantes y ha  instalado tres veces más energía solar  fotovoltaica en 2010 que todos los EE.UU. con sus 330 millones de personas. En los tres años, Italia ha emplazado1.000 MW más de capacidad de energía solar  fotovoltaica que la instalada en los EE.UU. durante los últimos treinta años.
El rápido desarrollo de Italia  en energía solar  fotovoltaica, fue impulsado por su sistema de primas en las tarifas de Conto Energía, que paga por cada kilovatio-hora generado por los paneles solares de titularidad de los propietarios de viviendas, pequeños negocios o-incluso-  el Vaticano.  Italia es capaz de generar 3.000 MW de energía solar fotovoltaica a partir de 3 TWh al año a 4 TWh por año, equivalente a aproximadamente 1% del consumo eléctrico del país.((x) Fuente: www. fotovoltac.com y Gesore dei Servizi Energetici (GSE). El GSE es una firma que califica los sistemas fotovoltaicos, ofrece incentivos y verifica la actividad.
La Tercera ley de la Energía en Italia entró en vigencia el 24 de agosto de 2010 que, con las leyes anteriores, regula la actividad del sector. GSE  se encarga de asignar los certificados  de la llamada energía verde.
Las naciones de la comunidad europea invitan a la población a invertir en esta energía asegurándoles alta rentabilidad. Por lo general el usuario puede aportar el 20 % de la inversión que le permitirá contar con energía fotovoltaica, el resto se lo financia una entidad bancaria. Una vez amortizada la inversión obtendrá una renta proporcionalmente  muy alta, vendiendo la energía sobrante a la red nacional, con la garantía que establece  la ley. Sin embargo,
la Asociación de la Industria Fotovoltaica
de España (ASIF), observa serios problemas. Gran parte de ellos fueron resueltos y otros seguramente se definirán próximamente dado el incentivo y el desarrollo sostenible de esta energía renovable. 
Para la periodista Noemí Navas Alonso redactora del Grupo Prisa-Cinco Días (3/11/2010),  
“muy pocas viviendas cuentan con placas solares en España. Las escasas que disfrutan de su propia energía eléctrica probablemente lo hayan conseguido a costa de mucho sudor, paseos a la administración pública competente y multitud de trámites y formularios. Y muchas esperas. La nueva normativa que prepara el Ministerio de Industria para la energía solar fotovoltaica introduce, en este sentido, una serie de simplificaciones que permitirán que las pequeñas instalaciones de esta energía sean más numerosas.
La propuesta de Real Decreto, dictamen del Consejo de Estado, incluye dos procedimientos simplificados, uno para instalaciones hasta 100 kilovatios (KW) y otro, aún más simple, para instalaciones hasta 10 KW. En el primer caso, el titular de la instalación y la empresa distribuidora gestionarán entre ellas, en un plazo aproximado de cuatro meses si no surgen trabas, las solicitudes y permisos pertinentes, hasta cerrar un contrato entre ambas por el que se regirán sus relaciones técnicas.
La Administración competente, es decir, la comunidad autónoma, sólo intervendría en caso de que las partes no se pusieran de acuerdo o cupiera alguna reclamación. De todos modos, la resolución de la primera reclamación no debería llevar mucho más de un mes y, en caso de existir una segunda, la Comunidad debe resolver en un plazo máximo de tres meses. Para las instalaciones pequeñas, idóneas para las viviendas, llamadas "de conexión abreviada", el procedimiento consiste básicamente en el envío por parte del titular de una notificación a la distribuidora, donde le explica la intención de conectar esta pequeña planta y entrega con ella la Memoria Técnica del Proyecto. A partir de ahí, en un plazo de 10 días, ha de tener noticias de la empresa distribuidora, que acepte o no el proyecto. De nuevo, la comunidad autónoma sólo entra en juego si hay discrepancia.
Para los promotores, esta simplificación sólo puede ser una buena noticia porque la situación anterior era "terrible". Según un estudio del consorcio europeo PV Legal, que recoge datos del sector fotovoltaico, España es el segundo país en cuanto a lentitud de la tramitación administrativa y el tercero, en cuanto a lo que encarecen el proceso de instalación los costes legales y administrativos.
En concreto, explica la periodista en Cinco Días, para las instalaciones en cubiertas, un proyecto fotovoltaico puede tardar un año en terminarse. En las pequeñas plantas, estos trámites burocráticos pueden encarecer el proyecto hasta en un 40%. En las que superan los 10 KW, el coste sólo se incrementa un 20% por estos trámites.
Según Javier Anta, presidente de
la Asociación de la Industria Fotovoltaica
(Asif), "en las circunstancias actuales, con la campaña en contra que sufrimos y con una regulación muy restrictiva en tramitación, necesitamos el apoyo del Gobierno en más temas además de la simplificación de procedimientos". La autora de la nota es optimista porque advierte que se fomenta el autoconsumo, lo que es sumamente beneficioso: “La nueva normativa abre la puerta al autoconsumo, es decir, a que los dueños de las instalaciones en tejados puedan consumir la energía que producen. Hasta ahora, el productor tenía que verter la energía producida a la red, por la que recibía una prima, y luego, comprar según sus necesidades a precio de mercado. A medida que la fotovoltaica reduzca su precio y se acerque al coste que paga el usuario por la electricidad, el autoconsumo será interesante. Sin embargo, el borrador de Industria exige que las instalaciones en edificación "estén asociadas a un punto de suministro de potencia contratada de al menos un 25% de la potencia nominal de la instalación". Es decir, que si el edificio consume 5 KW, la instalación más grande que se puede construir es de 20 KW, lo cual para Asif es "restrictivo", concluye el artículo.
En definitiva, en
la Propuesta de Real Decreto de regulación de la conexión a red de instalaciones de producción de energía eléctrica, de pequeña potencia, se  prevé el desarrollo de las redes inteligentes que consisten en un procedimiento de saldado de energía entre generador y consumidor asociado, a fin de incentivar el diseño de las instalaciones de producción para autoconsumo, fomentando el autoconsumo de la energía eléctrica producida en el mismo lugar de su generación.
Estas pequeñas instalaciones fotovoltaicas que se desean fomentar, en claro desarrollo de
la Directiva Europea 2009/72/CE: se encuentran conectadas a la red eléctrica, permitiendo el autoconsumo para cubrir las necesidades de la vivienda, (electricidad, calefacción, ACS, recarga del vehículo eléctrico), y volcando los excedentes no consumidos. El sobrante se vende a la red interconectada nacional para sufragar los costos de mantenimiento por lo menos.
En noviembre 2010, en Bruselas,
la Comisión Europea que discutió la política futura de las energías renovables, emitió un dictamen acerca de la estrategia para la consecución de energía competitiva, sostenible y segura en el año 2020 y lo elevó a al Parlamento Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones. “Europa –dice el informe- sólo ha dado el primer paso para la introducción de un marco legislativo destinado a promover la consecución de los objetivos del 20% para la energía renovable en el año 2020. La legislación es necesaria para asegurar la plena aplicación y allanar el camino del uso a gran escala de las energías renovables en las décadas más allá del 2020. El marco jurídico debe aplicarse correctamente para ofrecer a los inversores la necesaria confianza para invertir en nuevas opciones de producción, el transporte y el almacenamiento de fuentes de energía renovables. Se evaluará los efectos de la Directiva de energía renovable a partir del año 2011, con el fin de fortalecer o ampliarla dónde y cuándo sea necesario.
El desarrollo de las energías renovables dependerá de los regímenes de ayuda que se determinen en el tiempo.
La Comisión debe desempeñar su papel en garantizar que estos sean sostenibles, en consonancia con los avances tecnológicos y de no obstaculizar la innovación o la competencia. Sin embargo, también debe asegurar el necesario grado de convergencia o armonización entre los sistemas nacionales para que el mercado de las energías renovables se desplace desde el ámbito local al suministro transfronterizo. En este contexto, los requisitos necesarios para un comercio paneuropeo de las energías renovables deben definirse sobre la base de las mejores prácticas. Un mayor equilibrio, rentabilidad y tarifas retributivas predecibles, más tecnología específica de apoyo e instrumentos financieros deben desarrollarse de conformidad con la normativa de ayuda estatal de aplicación. En particular, deben evitarse cambios retroactivos a regímenes de apoyo dado el efecto negativo que esos cambios tienen en la confianza de los inversores.”

La energía eólica sorprendió en el año  2010 al haber aumentado un 22, 5% en todo el mundo. Y aquí vuelve a ser noticia China al haber instalado la mitad de las nuevas turbinas que producen 35,8 GW (gigavatios). De manera que la eólica en el mundo alcanzó los 194,4 GW que equivale a la energía de doscientas centrales nucleares. Y esto sí es una gran noticia que barre los discursos nucleares proféticos de que sin energía nucleoeléctrica no hay futuro y que la eólica no produce volumen, cantidad suficiente. La otra novedad es que China desplazó a Estados Unidos en la generación de energía eólica pero aún sigue detrás de las europeas, Alemania y España. Esta última concentra en Galicia y Castilla La Mancha la mayor cantidad de molinos. El viento constante de esas regiones es aprovechado, por eso en  Dinamarca las aspas contribuyen con  casi el 19 % de  la electricidad del país.
Con la energía renovable y los vehículos eléctricos con baterías de litio que no emiten CO2 se habrá dado un paso significativo para mitigar el calentamiento global. Pero por ahora aún se utiliza (incluso para cargar las baterías de litio) un 85% de la energía mundial contaminante de efecto invernadero.  En el año 2010 el reparto de las fuentes de energía no se modificó como era de esperar. Si bien no hay datos relativamente exactos de la energía utilizada, registros de cada país, el petróleo, el gas natural y el carbón, representan estimativamente el 85% de la torta energética mundial. El 15% restante se reparte en nuclear, 5,5%; biomasa 4%, hidroeléctrica, 3%; y solar, eólica, biocombustibles, geotérmica y otras menores como la maremotriz comparten el otro 2,5%.

Nos han preguntado cual es la matriz energética que debemos instalar en el mundo y, en particular, cuál debería utilizar Argentina, que sea capaz de reemplazar a las energías provenientes de los fósiles, prescindiendo además de las plantas nucleoeléctricas. Esto es, suplantar, el 85% de la energía que es utilizada en la actualidad, de efecto invernadero.
Y nuestra respuesta, pensada, meditada, fue y es que -con decisión política- se está en condiciones de ir generando la tendencia hacia un mundo sostenible. Y esa directriz se halla marcada por la energía solar, en sus dos versiones, térmica y fotovoltaica, y desarrollar la eólica. Al mismo tiempo, seguir atentamente las investigaciones de la energía de fusión. (Ver más abajo).

Hemos machacado en este libro, sobre los alcances que tiene el litio en el mundo, ante el avance de los autos híbridos y otros artefactos que requieren acumulación de energía. Reemplazar el petróleo se convirtió en prioridad; el oro negro asciende en una burbuja inalcanzable dominada por regiones convulsionadas, y no por decisión política de los enunciados protocolares de Kioto.
Bolivia concentra casi el 50% de las reservas mundiales de litio, codiciado por las corporaciones del sector. Acosado por las transnacionales, el presidente Evo Morales le propuso finalmente a Japón fabricar en Bolivia autos a litio. El encuentro con el viceministro de Economía, Comercio e Industria de Japón, Kaname Tajima, impactó en el resto de las potencias que pretendían la misma tajada. De modo que China termina acordando explotaciones del litio argentino con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en tanto Chile se apura en modificar la legislación que considera hasta ahora al litio mineral estratégico, no concesionario. Los tres países latinoamericanos guardan el 90% de las reservas de litio del mundo, y franceses, chinos, coreanos y japoneses tironean de los gobiernos sudamericanos.
Morales anunció una alianza estratégica con los japoneses para fabricar en Bolivia autos Toyota con baterías de litio; por ahora el gobierno de Evo invirtió ocho millones de dólares para producir carbonato de litio en un salar al sudeste del país y necesita un socio (inversión y tecnología)  para fabricar las baterías: “Bolivia tiene las mayores reservas de litio y necesita socios, pero quiero ser sincero, -advirtió Morales-  así como la identidad y símbolo de Japón es Toyota...Bolivia quiere también tener su propia identidad porque se acabó eso de exportar sólo materia prima.”
¿Por qué baterías de litio?
Porque el litio permite concentrar mayor capacidad de energía y tiene mayor resistencia a la descarga, muy baja tasa de auto-descarga,  además de los elementos livianos que la integran, totalmente opuestos a las baterías de plomo, por ejemplo, tienen larga vida en vehículos eléctricos; además, placas finas de poco espesor, facilidad para saber la carga que almacena,  ideales para equipos portátiles, y siguen las bondades. Un auto eléctrico, con esta batería, puede por ahora alcanzar una autonomía de entre 36 y
60 kilómetros, posee baja emisión de gases e independencia del petróleo en tanto no se convierta en un híbrido, así llamados porque estos últimos combinan la propulsión eléctrica con el motor de combustión interna tradicional, a naftas.  
El litio se venía usando desde 1990 en adminículos como agendas electrónicas, computadoras portátiles, telefonía celular móvil, etc. El poder de acumulación de energía en baterías de iones de litio fue considerado imprescindible para la producción de autos con motores eléctricos y  de los híbridos, mal llamados ecológicos en la medida que esas baterías acumularán energía proveniente de las fuentes habituales que, insistimos, el 85% de la carga eléctrica, en el mundo, aún es a base de carbón, petróleo y gas.
Se trata de una tecnología que se halla en pleno desarrollo y evolución y seguramente será mejorada. De hecho la firma británica Qinetiq, vinculada a la ingeniería bélica, ha creado una batería de litio más barata y de mayor potencia que las actuales, asegurando que dobla en acumulación de energía a las que están circulando. Por ahora las baterías de litio de General Motors y de BMW son surcoreanas, las japonesas se aplican a los Toyota y Honda, y cada vez son más las empresas líderes dedicadas a esta tecnología. Una planta de Panasonic-Toyota produce baterías para el Prius, el híbrido más vendido. Esta sociedad domina casi 67% del mercado global en la materia. Pero Panasonic busca tomar Sanyo Electric, cuya porción ronda 24%.
Mientras se investiga como reducir o eliminar la peligrosidad de estas baterías que suelen incendiarse, también se pretende lograr que los autos híbridos no detengan el crecimiento de una tecnología de vehículos totalmente eléctricos, que no requieran consumir algo de combustibles fósiles.

Al definir una matriz energética, alternativa de la existente, nos vemos obligados a relacionar estas nuevas tecnologías. 
En este sentido, concita interés de los investigadores el desarrollo de la energía solar que en la actualidad podrá mejorarse y perfeccionarse, pero si hubiera decisión política ya tendría que masificarse su utilización.
El suizo Bertrand Piccard y el piloto André Borschberg inscribieron sus nombres en la historia de la aviación al permanecer 26 horas en el aire (día y noche) con el avión solar Impulse, de 63,
4 metros y 1. 600 kilos. En lugar de gasolina, lleva en sus alas 12.000 células fotovoltaicas en silicio monocristalino productoras de la energía. que reciben del sol. De noche utiliza baterías de litio que cargó durante el día.
Con la misma fuente de energía solar, barcos de la empresa española Seacleaner Trawler transportan turistas por ruta tradicionales en varios embalses. Un solo barco en dos meses transportó  4.000 pasajeros que abonaron cinco euros cada uno. La nave solo utiliza la energía del sol. Tiene 16 placas solares ubicadas en dos bandas laterales en el techo del buque que le proveen energía a 24 baterías de gel para 150 horas de navegación en caso de que no haya luz solar en algún momento. El sobrante energético retorna a las baterías.
“Tras pagar los sueldos de los empleados –dijo Juan Carlos Ortuño, director de la empresa-, con el dinero restante obtenido de los paseos se financian investigaciones en el Centro Tecnológico Solar (CTS) que la propia compañía tiene en Palma de Mallorca y que mantiene acuerdos de colaboración y estudio con los ministerios de Fomento e Industria”.
Este es apenas un ejemplo de los muchos que abundan ya por el mundo. Hay barcos que hicieron travesías alrededor del mundo con energía solar para probar su efectividad.
En la ciudad de Kiel, norte de Alemania, se botó el barco más grande del mundo con energía solar destinado a dar la vuelta al mundo a partir de abril de 2011. Tiene
31 metros de largo, 15 de ancho y una superficie fotovoltaica de 500 metros cuadrados para 38.000 placas solares. Es propulsado por cuatro motores eléctricos con una potencia de 176 kilovatios, pero con un consumo ideal de 20 kilovatios por hora y podrá navegar a una velocidad de ocho nudos.
Hay cierta cantidad de autos eléctricos que en la actualidad circulan a energía solar. El mismo sistema que en barcos y aviones, vehículos terrestres han sido probados en viajes largos.
Un caso para considerar es el auto fabricado por ingenieros del Imperial College de Londres, denominado SRZero.  Con motores eléctricos de 400 caballos, impulsados por pilas de fosfato de litio-hierro, cruzó América desde Alaska hasta Ushuaia, si bien el viaje terminó en Bariloche tras completar
26.000 kilómetros en 70 días,  sus constructores pontificaron  que no emitió dióxido de carbono.

Fusión nuclear

La energía nucleoeléctrica,  que genera imponentes cantidades de residuos radiactivos, cuya gestión definitiva supone  costos superiores a la energía misma,  la hemos tratado y cuestionado en este libro, como se vio anteriormente, en la enumeración de las razones expuestas. Es la energía de los reactores de fisión nuclear. Ahora bien, no debemos estar muy equivocados al pensar de ese modo, ya que en la actualidad, la investigación de punta por alcanzar una energía que satisfaga la demanda mundial, no pasa por perfeccionar las plantas nucleoeléctricas de fisión, sino por desarrollar la tecnología de fusión nuclear. Apenas una u por una i, separa cualitativamente un tipo de fuente energética de la otra,  pero en la práctica significa gastar 6.600 millones de euros en diez años de investigación para obtener un reactor que haga posible la energía de fusión termonuclear, mediante un consorcio internacional de naciones del primer mundo que intenta el objetivo, Unión Europea, Canadá, Japón, Rusia, Estados Unidos y China; estos dos últimos se incorporaron al proyecto en el año 2003.
La teoría de la relatividad de Einstein, la ecuación de Energía, masa por el cuadrado de la velocidad de la luz (E=mc2), es el punto de partida de una energía que en su momento  tuvo propósitos de dominación mundial, experimentada sobre Hiroshima y Nagasaki.
La reacción en cadena liberada por la ruptura de un átomo muy pesado, como el uranio (y el plutonio), dio pie a la propagación de  plantas de energía atómica sembradas por todo el planeta y convertidas en cementerios radiactivos letales al concluir su vida útil. En los hechos se trata de crear calor sobre circuitos de agua que se convertirán en vapor y éste a su vez moverá una turbina que producirá luz, energía. Sí, en efecto, se trata de calentar agua. Y esto también se puede hacer en el camino inverso, unir dos átomos simples, ligeros, en uno más pesado (fusionar), en vez de romper un átomo pesado (fisionar).
La masa de un átomo pesado, el nudo gordiano de este relato, que hemos descrito desde la sencillez de lo vulgar y con la preocupación de no caer en lo grotesco si se quiere,  hoy conmueve al mundo científico que intenta repetir, en el planeta que habitamos, la energía que se produce en el sol. Nada menos. En cada segundo el sol convierte 675 millones de toneladas de hidrógeno en 653 millones de toneladas de helio: la diferencia son 22 millones de toneladas de energía, luz y calor que nos dan vida.
Poder controlar la fusión, semejantes volúmenes de calor, se había convertido en una utopía que descorazonaba al mundo científico, desde la época en que se construyó la bomba de hidrógeno. Hasta ahora, la única forma en la se puede aplicar la fusión nuclear: en la industria de la guerra de exterminio.
¿Qué recipiente es capaz de contener y soportar 100 millones de grados centígrados?
Es necesario hacerse una y otra vez esa pregunta porque ese gas, a esa temperatura, se transforma en plasma.
Nos preguntamos ¿qué espacio, qué vasija es capaz de contener tamaña temperatura? Y aunque sin repuesta nos formulamos la segunda  ¿se justifica gastar 10.000 millones de dólares en investigación (tasación internacional del proyecto) para fabricar y usar en
la Tierra la temperatura del sol, si al astro ya lo tenemos funcionando y nos la provee?
Este paradigma es conmovedor, porque el hombre se propone construir miles de soles en
la Tierra
y para ello concibió -por ahora- el proyecto International Termonuclear Experimental Reactor (ITER) mediante la sociedad de las naciones más ricas del mundo, y poder lograr el confinamiento calórico de la fusión nuclear. Confinar millones de grados de temperatura. El recipiente solo cabe en nuestra imaginación pues se trata de un campo magnético generado por imanes. Allí se concentrará y acumulará el plasma caliente, millones de grados centígrados controlados por magnetismo,  incapaz de escaparse, confinados por magnetismo es su nombre y apellido. (Hay otro proyecto semejante pero basado en confinamiento inercial).
La materia prima de esta concepción de energía eléctrica es el hidrógeno. Es decir, fusionando núcleos de deuterio del átomo de hidrógeno, y tritio que, como es lógico suponer, nunca faltará hidrógeno mientras haya agua. El tritio se obtiene del litio, inexistente en estado natural en la corteza terrestre; es limitado. Si las reservas de uranio se calculaban para 50 años, las del litio superaban los 500 años, cuando aún nadie imaginaba la importancia del litio en la industria de las baterías modernas de “largo aliento”, ni en la industria de los autos híbridos, como ya vimos.
La teoría se completa explicando que los países sometidos a semejante riesgo financiero (el ITER), piensan contar con un reactor de fusión en 2035 porque están convencidos del éxito debido a experimentos realizados a escala, anunciando a su vez que de ese modo se acabaría con la generación radiactiva de las plantas de fisión y que el mundo podrá contar con una fuente de energía inagotable. Pero atención, el tritio también es radiactivo, cuestión que sumamos a otro interrogante: ¿Qué haremos con las usinas atómicas existentes, sembradas por todo el planeta, si realmente la energía próxima sería la energía de fusión, del hidrógeno, y qué destino le daremos a los infernales radionucleidos de las plantas actuales, convertidos en residuos radiactivos de corta, de media y de alta actividad, por miles y millones de años si, como hemos dicho, son muchas las dificultades que hay que sortear para construir el primer repositorio de desechos radiactivos del mundo?
En nuestra modesta opinión, el viento y el sol son nuestra solución inmediata de energía  limpia, abundante y barata. Con mayor investigación y menos dinero podríamos tener la respuesta energética en el presente, masificando una tecnología que no provoque calentamiento global, el efecto invernadero del carbono, del petróleo y del gas natural, y que sea renovable e interminable.

Conclusión

Como hemos visto, las energías eólica y solar aportan significativamente al cambio de paradigma de matriz energética, aunque su desarrollo fue limitado por decisiones políticas.
Hemos visto en estas páginas la implementación de la energía solar en una escala reducida, casi experimental pero en sostenido ascenso y, sin embargo, es una realidad cierta que su evolución e implementación fue deliberadamente frenada.
La  investigación en torno a energías de alternativa se hizo sin recursos y con bloqueos económicos del poder mundial. En América Latina desarrollar la energía eólica se debió a esfuerzos individuales y a instituciones cercanas al ecologismo. Las cooperativas eléctricas en Argentina fueron factor de los primeros 30MW eólicos y
la Patagonia será por mucho tiempo la principal receptora de parques eólicos. En la actualidad algunas empresas petroleras locales impulsan estos parques pues intentan  mejorar su perfil. INVAP (Investigaciones Aplicadas), un desprendimiento tecnológico de la Comisión Nacional de Energía Atómica, desarrolla equipos eólicos que intentan competir con los importados en robustez, mantenimiento y coste. Hoy funciona la Cámara Argentina de Generadores Eólicos.
Recordemos que en ciudades australes patagónicas, por ejemplo, se intentaron instalar plantas de molinos eólicos que no pudieron sobrevivir debido a las fuertes ráfagas que habitualmente sacuden la región, hasta conseguir la tecnología actual que permite capturar el viento cuando hay poco y utilizar los momentos de abundancia, que en
la Patagonia hay  en exceso, sin poner en riesgo sus estructuras. Nos parecía  inconcebible –aún hoy- que en tiempos de sofisticadas torres petrolíferas flotando en los océanos y de gigantescos open pit buscando minerales y moliendo rocas al tamaño de una micra, ráfagas de cien kilómetros por hora derribaran aspas de molinos de viento, cosa que ni ocurría en  tiempos del manchego Ingenioso Hidalgo, pero nunca a las puertas del siglo XXI.
Aún se ven molinos derrumbados en la ciudad de Pico Truncado, al norte de la provincia de Santa Cruz. Ahora, en cambio, sobreviven en muchas ciudades australes, en Comodoro Rivadavia y poblaciones circundantes, granjas eólicas que son una realidad creciente, pero aún lejos de la producción propuesta por las naciones europeas y de  otras latitudes, como expusimos en este libro. En Latinoamérica la energía eólica aún no alcanza los 1.000 MW de potencia instalada, pero en España cubre el 13% de la demanda eléctrica.
La eólica crece de manera imparable en el siglo XXI,  sin embargo la gran solución inmediata es la energía solar, en sus dos versiones, térmica y fotovoltaica, hipótesis que sostenemos con firmeza. Una realidad en el mundo que permite pronosticar que, al promediar este siglo, ciudades enteras funcionarán con esta energía proveniente del sol. Sus habitantes producirán su propia energía y el excedente lo podrán colocar en los sistemas interconectados nacionales, a semejanza de lo que ya se hace en algunos países de Europa, y recibir dinero a cambio, si bien  para ello habrá que sortear el lobby de intereses poderosos.

Un plan energético requiere hace un diseño de país en función de esa matriz a desarrollar. De modo que tenemos regiones con otros recursos energéticos que debemos aprovechar. Las enormes cantidades de cursos y saltos de agua que abundan en el continente latinoamericano pueden producir energía para diversas poblaciones diseminadas en valles, mesetas y montañas de la cordillera, precordillera y litoral. Para ello no se requieren  megarepresas babilónicas sino las hidráulicas de pasada (o de paso). Así llamadas porque las turbinas reciben directamente el caudal disponible en el río o caída de agua, tal como viene. No demanda embalses, a veces uno muy pequeño si el informe de impacto ambiental lo permite. El agua, al pasar por turbinas a gran velocidad, provoca un movimiento de rotación que se transforma en energía eléctrica por medio de generadores. Aunque existe una gran variedad de instalaciones,  en las mini centrales hidroeléctricas fluyentes (de pasada) no hay represas ni diques y es la fuerza del caudal el que compensa el pequeño desnivel de las que tienen embalse.
En
la Cordillera Andina apreciamos corrientes de agua de deshielos y de glaciares que no producen daño alguno y generalmente sin vida acuática. Hay una buena cantidad de mini hidráulicas de este tipo que producen energía desde un megavatio, ciento cincuenta ó trescientos megavatios. Podemos ejemplificar el caso de la mini hidráulica chilena de pasada, La Higuera (155 MW), alimentada por lluvias de estación y deshielos de glaciares en el valle del río Tinguirica, confirmando la total protección de la ecología del río. Para los ecologistas que defienden estos proyectos,  La Higuera “contribuirá a disminuir las emisiones de gases con efecto invernadero en más de 470 mil toneladas al año, lo que equivale a retirar más de cien mil autos de circulación.”
Es cierto que para otras organizaciones ecologistas estas hidráulicas son viables siempre que no alteren ni  perjudiquen la fauna ictícola, entre otras consideraciones. Algunas organizaciones ecologistas europeas comprobaron que ciertas mini hidráulicas impiden el paso de peces y la explotación de caudales; “tienen un efecto barrera”, afirman. De ser así, nadie tendría que estar convencido en hacer en ese lugar una central de pasada. De modo que hay que ceñirse a los informes de impacto ambiental. En España las mini hidráulicas se consideran de uno a diez megavatios, pero en otros países  -como los ejemplos que pusimos de Chile- se utilizan turbinas de última generación que producen mucha mayor potencia instalada. Los torrentes cayendo de las alturas andinas son ideales para estos proyectos.

La  energía de biomasa es la otra alternativa que puede complementar la diversidad de la matriz energética de un país sudamericano.
En
la Unión Europea la energía de biomasa representa el 3% del total.
La biomasa se extrae de los residuos agrícolas como el girasol. Se la considera renovable y limpia  porque reprocesa productos de desecho como los originados por la industria oleaginosa. El biodiesel, proveniente de esos residuos de materias primas renovables es un combustible líquido no contaminante y biodegradable de lógica y factible utilización en el transporte urbano, agrícola y marino y, por ejemplo, en calderas de calefacción.
¿Por qué entonces no comenzamos a discutir una matriz energética para nuestros pueblos? Por lo pronto podemos tomar como ejemplo los perjuicios de las experiencias energéticas que metieron a la humanidad en un cambio climático del que será difícil retornar.

 

Fragmento del libro de Javier Rodríguez Pardo, Las Vías del Saqueo, en etapa de edición. Incluye las 66 razones antinucleares,  informe socializado con el movimiento social UAC, Uniòn de Asambleas Ciudadanas.

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Argentina No Nuclear adhiere a la propuesta de
IPPNW - EUROSOLAR.

 

Estimados Señoras y Señores,
Nuestro objetivo común es el de evitar que la peligrosa energía nuclear se extienda y lograr que deje de utilizarse lo antes posible.
En la campaña internacional de carteles "Hechos sobre la energía nuclear" encontrará buenos argumentos, que podrá transmitir a todas las personas interesadas.
Por favor, ayúdenos a informar a la mayor parte de personas posible.

IPPNW - EUROSOLAR

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